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    Los costes del cambio climático detrás de los incendios en California traslucen la desigualdad

    Por Daniela Reyes / Causa Natura Media

     

    Entre el 10 y 16 de julio había registro de al menos siete incendios ardiendo en California y tres de sus ciudades se encontraban en el ranking de las ciudades más contaminadas de Estados Unidos: Thermal, Oasis y Exeter.

    Desde 2001, Steven Hunter, consultor meteorólogo, advirtió que los incendios iban a aumentar en número y en intensidad en California como consecuencia del cambio climático que provoca condiciones propicias: menos húmedad, mayores vientos y calor en la atmósfera.

    De acuerdo con IQAir, una empresa que se dedica a monitorear los índices de calidad del aire en el mundo, en el 2022 América del Norte rompió récord en la cantidad de incendios forestales en masivos y de larga duración, como se señala en el Informe sobre la calidad del aire en el mundo.

    Durante el mes de julio California ha atravesado por las dos olas de calor más intensas del año, de acuerdo con el National Weather Service San Diego, quien recomienda a las personas mantenerse hidratadas, vestir ropa ligera, permanecer el menor tiempo posible en espacios al exterior y mantenerse alejados de los rayos del sol.

    Desigualdades sistemáticas

    Lo que parece una oleada de calor e incendios aislados en California es en realidad consecuencia del cambio climático, al tiempo que sencillas recomendaciones ponen en evidencia las desigualdades entre las personas para hacerle frente, señaló a Causa Natura Bernie Bastién-Olvera, especialista en cambio climático global e impactos socioeconómicos por la Universidad de California en Davis.

    A él le tocó vivir uno de los puntos más críticos del estado de California en 2020 cuando era un riesgo estar fuera de casa por los altos niveles de contaminación del aire y por el contagio de Covid-19.

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    Bernie Bastién en medio de una doble contingencia en California en 2020: la pandemia por Covid-19 y la contaminación del aire por incendios. Fuente: Raiza Pilatowsky

    El Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability, síntesis del sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, expone que el cambio climático es injusto, ya que las personas que menos responsabilidad tienen en la crisis climática son las más afectadas.

    Así lo percibió Bastién, cuando lo primero que notó es que eran las poblaciones latinas y chicanas quienes estaban altamente expuestas a la contaminación del aire por incendios y a las temperaturas extremas, ya que la mayoría se dedican a la agricultura.

    “Ellos no tienen días libres para básicamente quedarse en casa y seguir las recomendaciones de no exponerse a los altos niveles de contaminación en el aire como sucede con los incendios”, señaló.

    Sin embargo, la desigualdad más sorprendente fue ver cómo enviaban a personas encarceladas a arriesgar sus vidas para combatir los incendios forestales.

    “Los bomberos que iban a apagar incendios, esta actividad altamente riesgosa, eran personas encarceladas de las prisiones de California que, nuevamente, son personas latinas o personas negras que se ha demostrado como sistemáticamente las meten a la cárcel por racialización”, agregó.

    Apenas este 11 de julio California reportó niveles de humedad muy bajos, ráfagas de vientos cada vez más fuertes y un aumento del calor en el transcurso de la semana del 17 al 23 de julio, que mantienen encendidas las amenazas de incendios forestales.

    IQAir señala que la tendencia general en América del Norte ha sido hacia incendios forestales extremos cuyo humo se compone principalmente de partículas contaminantes (PM) que son un gran peligro para la salud.

    Los principales problemas de salud asociados a la exposición del humo de incendios forestales son los ojos irritados, congestión y secreción nasal, garganta irritada, dolor de cabeza, dificultad para respirar, asma agravada, entre otras.

    Pese a que el Air Quality Management District (AQMD) de la Costa Sur, la agencia reguladora responsable de mejorar la calidad del aire en los condados de Los Ángeles, Orange, Riverside y San Bernardino, emitió un aviso de una posible ola de ozono, se trata de niveles elevados de smog en algunas zonas de California, debido a las altas temperaturas, en donde comunidades latinas y chicanas continuarán trabajando en los campos agrícolas.

    Desigualdad en la adaptación al Cambio Climático

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    Fotografía ilustrativa. Fuente: Cuartoscuro

    De igual manera hay desigualdades que se perciben en la adquisición de instrumentos como bienes privados para la adaptación al cambio climático. Un claro ejemplo de esto es un cubrebocas, que implica una transacción en el mercado y que ayuda a disminuir la exposición ante el riesgo climático, señaló Bastién-Olvera.

    “Muchas de las recomendaciones recaen en las decisiones personales para las cuales necesitas usualmente un capital monetario para poder hacerlas”, explica.

    Esto sucede también con las personas en situación de calle que no tienen un lugar para resguardarse de la contaminación o de las altas temperaturas, por lo tanto, quien no tiene los recursos para cubrir las recomendaciones básicas está más expuestas a las condiciones meteorológicas atmosféricas.

    De esta forma se viola su derecho a un medio ambiente sano en donde las personas puedan desarrollarse sin exponer su salud.

    Otro factor importante de considerar, señaló Hunter, es el crecimiento poblacional acelerado de California que ha provocado que cada vez más desarrollos inmobiliarios se instalen en los bosques.

    Esto incrementa el riesgo de que surjan incendios provocados por factores humanos y también pone en evidencia la falta de cobertura para atender casos en la vasta geografía de California, lo cual convierte los incendios más grandes e intensos.

    “En muchos casos (los incendios) están en áreas muy remotas en el bosque y es muy difícil poner el personal para alcanzar el sitio de un incendio. Especialmente, en las montañas altas de California, por ejemplo, sin mucho acceso de un camino es muy difícil. Y por eso se va a propagar más rápido”, señaló.

    Ante esto señaló que hace falta hacer un manejo cuidadoso de los bosques y limitar los asentamientos en dichos ecosistemas.

    Para Bastién, esto también tiene una lectura de clase, ya que en California usualmente son las personas con mayores recursos económicos quienes construyen sus mansiones en los bosques.

    “La interfaz entre bosque y urbanidad la están empujando más las personas con más dinero. Están haciendo como un fracturamiento de esta zona y entonces están haciendo que estén más expuestas a los incendios y luego se les quema su casa, pero ellos sí tienen un seguro que les pague su casa sin problema pero digamos ya abrieron ese caminito para que más personas lleguen que no cuentan ni con ese seguro ni con ese capital”, señaló.

    “Es un conflicto humano de la economía y del capitalismo”, lo resumió Hunter.

    Los impuestos de carbono

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    Imagen ilustrativa. Fuente: Alejandro Rodríguez / Cuartoscuro

    Actualmente, no hay un reconocimiento de los costos totales del cambio climático para la sociedad debido a que es difícil de medir, señaló Bastién-Olivera, lo cual complica visibilizar quién está asumiendo estos costos y alcanzar una justicia ambiental.

    Esto se debe a que muchos de los costos no son monetarios, es decir, no tienen asociado un valor en el mercado, como por ejemplo, las afectaciones a la salud que viven las comunidades latinas y chicanas en los campos agrícolas.

    La forma más justa para cuantificar los costes ambientales del cambio climático es sumar el valor de lo que se está perdiendo por los efectos del cambio climático, más los servicios ambientales de la naturaleza y el valor de no uso.

    Sin embargo, lo más cercano a lo que se ha llegado es a establecer el costo social del carbono, es decir, cuánto cuesta emitir una tonelada de dióxido de carbono a la atmósfera, que podría servir como un impuesto a carbono que todas las personas y/o empresas deberían pagar, como una medida para desincentivar la quema de combustible fósil de gas y petróleo, principal fuente de carbono.

    Cada gobierno debería establecer, basado en información científica, el valor de una tonelada de dióxido de carbono para tomar decisiones basadas en esa información.

    En el caso de Estados Unidos, actualmente la Environmental Protection Agency (EPA) está reevaluando ese costo. Bastién-Olvera apuntó que entre la comunidad científica se ha valorado la tonelada de dióxido de carbono en 190 dólares.

    Estos impuestos al carbono se podrían implementar sin dejar de vista la necesidad también de atender a la población que está siendo afectada de forma directa, por lo que, de acuerdo con Bastién-Olvera, también se hace necesario incluir los derechos laborales como parte de la justicia climática.

    Por ejemplo, que quienes trabajan puedan pedir días libres para reducir su exposición a la contaminación o a climas extremos, de esta forma, un derecho laboral se convierte también en una adaptación al cambio climático necesaria.

    Este artículo se publicó originalmente en Causa Natura Media.


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