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domingo, 1 noviembre 2026
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    Desequilibrios en atención a la salud mental en Nuevo León

    El gobierno de Nuevo León quiere crear más hospitales
    psiquiátricos, sus críticos dicen que es mejor enfocar el problema en la
    prevención y la integración comunitaria de los pacientes con un trastorno
    mental. Los temas de este reportaje son sensibles pero necesarios para iniciar
    un diálogo sobre la política pública en un estado con una tasa alta de
    enfermedades mentales en su población 

     

    Chantal Flores

    Video y Fotos: Daniel Becerril   

     

    A Mariana le encantan los memes de gatos y la música
    K-Pop. Su sentido del humor es oscuro y sarcástico. Le gustaría seguir
    estudiando, pero se le dificulta retener información debido a su medicación.
    Además, no cuenta con los recursos. Los trabajos nunca son estables. Ella pidió
    no usar su nombre verdadero.

    Mariana se pasa los días en el cuarto que comparte con su
    mamá, o en la sala de su casa. Le gusta caminar por las calles de su ciudad al
    sur de Nuevo León, y cuando se puede, ver a sus amigas. 

    “Me gusta mucho comer: las papas fritas y la pizza”, dice
    Mariana, sentada en una banca en la plaza principal de su ciudad. “Me gusta
    cuando voy al cine con mis amigas, o cuando estoy con ellas que están bien
    chisqueadas. De todo se ríen, bueno, de todo nos estamos riendo”.

    Mariana primero fue diagnosticada con Trastorno
    Esquizoafectivo, después con Esquizofrenia. Si le preguntan la diferencia, no
    sabe qué responder. Su mente es un glosario de fármacos: risperidona,
    clonazepam, valproato, levomepromazina, alprazolam, citalopram, fluoxetina,
    haloperidol, quetiapina…

    A sus 20 años, Mariana ha ingresado involuntariamente al
    hospital psiquiátrico casi 20 veces. 


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    En los últimos años Mariana ha ingresado docenas de veces
    a la Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica. // Daniel Becerril 
     

     

    Los padecimientos mentales de Nuevo León alcanzan a la
    cuarta parte de su población, según
    cifras
    oficiales de las autoridades de Salud del estado en 2019
    . De acuerdo
    con esa información, una de cada cuatro personas en Nuevo León tiene algún
    padecimiento mental que puede ir desde la ansiedad o la depresión hasta la
    esquizofrenia. 

    Sin embargo, los servicios de atención a la salud mental
    en el estado recaen primordialmente en la hospitalización psiquiátrica y
    tratamientos farmacológicos.

    Este enfoque en la hospitalización conlleva el riesgo de
    maltrato a los pacientes dentro de las instalaciones psiquiátricas. A pesar de
    que organismos nacionales e internacionales han denunciado las violaciones a
    los derechos humanos que se llevan a cabo dentro de diversas instituciones
    psiquiátricas alrededor del país, Nuevo León sigue fortaleciendo un modelo que
    se aleja de la inclusión comunitaria y minimiza el impacto de los determinantes
    sociales en la salud mental de sus habitantes.  

     

    Deficiencias de la hospitalización

     

     

    Según un informe del Mecanismo Nacional de Prevención de
    la Tortura (MNPT) de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la atención
    a la salud mental suele ser precaria y llega a violentar los derechos humanos.

    “Esto ha llevado a que se olvide la importancia de la
    prevención en salud mental, la atención en el primer nivel y la inclusión de
    estas personas a la comunidad, y en cambio se dirijan los recursos a la
    institucionalización de los pacientes con trastornos psiquiátricos”, agrega el
    informe del MNPT.

    Menos del 2% del presupuesto federal destinado a salud se
    emplea para la atención de pacientes con trastornos mentales, según el diputado
    local Asael Sepúlveda, que preside la Comisión de Salud y Atención a Grupos
    Vulnerables. La mayoría se asigna a hospitales psiquiátricos. 

    En 2018, el MNPT visitó la Unidad de Rehabilitación
    Psiquiátrica de los Servicios de Salud del Estado de Nuevo León e identificó
    condiciones deficientes de mantenimiento e higiene. También problemas
    estructurales debido a la antigüedad del edificio y la falta de mantenimiento.
    Ocupación por encima de la capacidad instalada, medicamento psiquiátrico insuficiente
    y falta de personal fueron otras situaciones reportadas. 

    Ese mismo año, diputados integrantes de la Comisión de
    Salud y Atención a Grupos Vulnerables pidieron a la Secretaría de Salud de
    Nuevo León un informe sobre los servicios de salud mental en el estado.

    En la respuesta, firmada por el Dr. Manuel de la O
    Cavazos, Secretario de Salud del Estado, se afirma que en los últimos 35 años
    Nuevo León ha estado desarrollando un “modelo de salud mental de vanguardia”,
    siguiendo recomendaciones de organismos internacionales como la Organización de
    las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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    El tratamiento farmacológico ha sido la principal
    herramienta de apoyo para Mariana. // Daniel Becerril  

     

    Nuevo León, de acuerdo con el documento, había iniciado
    la desinstitucionalización de la atención psiquiátrica, sin embargo, la falta
    de recursos económicos limita los avances. 

    La administración del gobernador Jaime Rodríguez Calderón
    planea construir e inaugurar un nuevo hospital psiquiátrico que tendrá 108
    camas para internamiento, y un área para niños y adolescentes. Ubicado en el
    municipio de Escobedo, se espera que el nuevo hospital reemplace este año a la
    Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica, inaugurada en 1958.

    El diputado Sepúlveda afirma que la Ley de Salud Mental
    del estado, aprobada en mayo de 2018, no se está cumpliendo. 

    “Casi todo el presupuesto de salud mental del sexenio se
    fue en ese hospital, pero el hospital ya es la última barrera. Fracasó el
    modelo, porque a la hora que el paciente llega al hospital es porque ya fracasó
    todo lo demás”, afirma el diputado del PT. 

    Sepúlveda ha estado presionando por un modelo enfocado en
    la prevención y en la intervención comunitaria.  

    “El enfoque correcto desde nuestro punto de vista debería
    ser preventivo”, explica Sepúlveda. “Es decir, que en el entorno familiar o en
    el entorno social donde se mueve la persona pues se den las condiciones para
    que pueda llevar una vida saludable”.

     

    El problema del uso de la fuerza 

    Desde su primer intento de suicidio, entre los 12 y 13
    años, Mariana ha sido ingresada involuntariamente al Hospital Regional de
    Psiquiatría No. 22 del IMSS siete veces, y más de 12 veces a la Unidad de
    Rehabilitación Psiquiátrica. Mariana prefiere la Unidad, ubicada en la colonia
    Buenos Aires de Monterrey, Nuevo Léon, por la atención que ha recibido.

    “Sí cambió el trato, las enfermeras son más amables y
    tienen más comprensión, pero como quiera es feo estar ahí porque no miden su
    fuerza”, explica Mariana. 

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    Durante las etapas de crisis, Mariana puede llegar a
    autolesionarse. // Daniel Becerril  

     

    “Cuando tienes una crisis, te doblan los brazos, te
    cubren la cara, te sujetan de piernas, brazos, y de aquí del tórax”, agrega,
    llevándose las manos a ambas costillas. “A veces te ponen una venda en la boca
    para que te calles si estás gritando”.

    “Ya de plano, si estás muy mal, te llevan a ti sola, te
    encierran y te dejan amarrada en un cuarto solo donde no hay nadie”.

    En 2019, la Unidad instauró la figura del “asistente
    terapéutico”, por lo cual se contrataron 17 enfermeros encargados en brindar
    contención verbal a las personas usuarias. Sin embargo, durante los momentos de
    crisis, se aplica el protocolo de “desescalación”, con el que se continúa con
    las prácticas de contención, sujeción y control. 

    “Tenemos protocolos para cuando hay una persona que está
    violenta por la enfermedad. Se llama la desescalación”, explica el Dr.
    Severiano Lozano, director de la Unidad. “Hay que primero verbalmente invitar a
    la persona a que se tranquilice, y si no es posible eso entonces se le explica
    a la persona lo que se le va a hacer, que es aplicarle un medicamento”. 

    “Luego a veces las personas como quiera siguen muy
    violentas. Nosotros estamos como trabajadores expuestos. Nosotros tenemos una
    zona de riesgo —de hecho los trabajadores tienen una compensación por ser una
    zona de riesgo— y también hemos tenido gente lesionada porque… pues tienen
    que darle la contención”. 

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    Ocasionalmente Mariana sufre ataques de ira, pero usualmente
    no recuerda lo sucedido. // Daniel Becerril  

     

    Entre el 2010 y 2020, la Comisión Estatal de Derechos
    Humanos solamente recibió ocho quejas por presuntas violaciones a derechos
    humanos en contra de la Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica.

    Entre las causas, se mencionan: “Actos que teniendo o no
    como resultado alguna alteración de la salud física y/o mental o la generación
    de cualquier huella material en el cuerpo, impliquen maltrato”. A pesar de
    ello, el organismo nunca ha emitido ninguna recomendación por violaciones a los
    derechos humanos en contra de Hospitales Psiquiátricos o algún establecimiento
    de salud mental, en los últimos diez años. 

    Siete muertes se han registrado en la Unidad de
    Rehabilitación Psiquiátrica entre 2010 y el 15 de septiembre de 2020.

    “Tenemos un comité de mortalidad, en donde se revisan las
    circunstancias del fallecimiento. Se junta a las personas involucradas, a los
    jefes de servicio, y revisamos los casos. Revisamos qué es lo que podemos
    mejorar dentro de nuestros protocolos para darle la atención”, afirma el Dr.
    Lozano.

     

    Hermetismo y falta de transparencia

    El hermetismo y la falta de transparencia que siguen
    manteniendo las instituciones psiquiátricas ha sido motivo de gran preocupación
    durante décadas para organismos y asociaciones civiles. Apenas, en 2018, la
    Comisión Nacional de los Derechos Humanos logró entrar a estos espacios. 

    En su informe “¿Por razón
    necesaria? Violaciones a los derechos humanos en los servicios de atención a la
    salud mental en México”
    , la organización civil Documenta resalta la
    falta de información, transparencia y rendición de cuentas que existe para
    obtener información sobre el sistema de salud mental a nivel federal y
    estatal. 

    La ausencia de un monitoreo independiente no ha permitido
    visibilizar en su totalidad las condiciones y el estado en el que viven las
    personas usuarias dentro de las instituciones psiquiátricas. En la Unidad de
    Rehabilitación, el internamiento promedio es de 21 días; sin embargo, hay ocho
    pacientes que llevan años viviendo ahí. 

    “Es bien importante enfatizar la necesidad de mecanismos
    independientes porque si el mismo sector salud es el que está encargado de
    analizar y evidenciar las prácticas coercitivas que se dan al interior, pues
    está complicado. Se necesita un mecanismo independiente del sector salud que
    tenga la posibilidad de entrar a esos espacios, de llevar denuncias, y realizar
    informes”, explica Diana Sheinbaum, coordinadora del programa de Discapacidad y
    Justicia de Documenta.

    En su respuesta a la Comisión de Salud y Atención a
    Grupos Vulnerables, la propia Secretaría de Salud reconoce que los hospitales
    psiquiátricos “favorecieron el desarrollo de prácticas malsanas” y permitieron
    la violación a los derechos humanos “permanentemente”. Sin embargo, afirma que
    en Nuevo León ya no existen este tipo de hospitales e instituciones.

    En 2018, la Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica todavía
    no contaba con un reglamento interno ni manual de procedimientos, según el
    informe del MNPT. El reglamento fue aprobado recientemente.

    Asimismo, se identificó que, en caso de que un usuario
    fuera maltratado por personal de la Unidad, no se notificaba al Ministerio
    Público para investigar los hechos. 

    En una actualización del informe en 2019, se menciona la
    emisión de una circular para instruir al personal a hacer la denuncia al
    Ministerio Público. La Unidad, como lo indica la Norma Oficial Mexicana (NOM)
    025 para la prestación de servicios de salud en hospitales psiquiátricos,
    cuenta con un buzón de transparencia y una línea para quejas anónimas. 

    “Nosotros no tenemos acceso al buzón, es la misma
    instancia de transparencia del gobierno del estado que vienen y sacan las
    quejas. Posteriormente las quejas son enviadas a nosotros para ser revisadas y
    contestadas, y tenemos un procedimiento para revisar las quejas en el
    departamento de calidad”, explica el Dr. Lozano. 

    “Hacemos una reunión y las leemos. Son quejas y
    felicitaciones, verdad. De las dos cosas. Y le hablamos a las personas para
    escuchar de su propia voz la relatoría”.

     

    Aislamiento innecesario


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    Cuando Mariana siente que viene una de sus crisis,
    recurre a una libreta y raya para calmarse. // Daniel Becerril  

     

    En ocasiones, Mariana tiene crisis o “se pone mal”, como
    ella dice. La mayoría del tiempo no recuerda lo que dice, ni lo que hace. Ella
    sabe que a veces tira cosas, golpea paredes o ventanas, o se lastima a ella
    misma. Intenta recordar, pero no lo logra. Mariana solo ha estado dos veces en
    la Unidad de Observación Continua, un área dentro de la Unidad conocida por sus
    siglas “UOC”.

    “En una [ocasión] llegué muy agresiva, desde que llegué
    estuve ahí. Y en la otra ocasión fue cuando estaba vomitando sangre y pensaban
    que era tuberculosis, y me encerraron ahí. Esa vez que estuve vomitando sangre,
    estuve como cuatro días. Y la otra ocasión, que estaba muy agresiva, no me
    acuerdo”, dice Mariana.

    Mientras estuvo ahí, la mayor parte del tiempo Mariana
    dormía. “A veces sí me ponía media loca y empezaba a golpear la cama y me
    amarraban en la cama y hacía un desastre”, agrega. 

    El Apartado 9.26 de la NOM-025 dicta que el aislamiento
    de las personas usuarias es “innecesario y violatorio de los derechos humanos”.
    Debido a este cambio en la norma en 2014, la Unidad estableció los “cuidados
    especiales”. La UOC, explica el Dr. Lozano, es una construcción que tiene cinco
    cuartos con ventana, tres enfermeros y enfermeras y un vigilante. 

    “Nosotros lo que hacemos es tener al paciente —cuando
    está muy agresivo, muy agitado— con un cuidado personal. Nunca están solos. Esa
    es la cuestión del aislamiento, no hay un cuarto donde el paciente esté solo, y
    que no haya enfermeras o guardias ahí al tanto de su vigilancia”.

    “Es una medida terapéutica y en general lo que utilizaba
    derechos humanos como aislamiento era como una privación de los sentidos total,
    como entrar en un cuarto y no tienes ningún contacto con el exterior, entonces
    eso pues obviamente no lo hacemos. Las puertas tienen una ventana grandota, ahí
    afuerita están la enfermera, y pues eso es lo que hacemos”, agrega el Dr.
    Lozano. 

    Por lo general, se puede permanecer horas, o inclusive
    días, dentro de ese cuarto, antes de pasar nuevamente a la sala general. En el
    informe del MNPT, se reportó que podían transcurrir hasta dos días. 

    “Depende del avance, depende de la patología que tenga la
    persona y también depende de la respuesta que tenga a los medicamentos. Nuestra
    intención es que siempre estén en la sala general y que puedan estar cuanto
    antes con los demás y con sus familias”, explica el Dr. Lozano. 

    “Sí, son separados. Lo que pasa en ocasiones es que
    tenemos pacientes que tienen tuberculosis activas, entonces tenemos que tener
    un cuarto de observación respiratoria mientras se hacen las pruebas. Está el
    paciente solo en un cuarto, pero ahí afuera está la enfermera”.

     

    Costo elevado de medicamentos psiquiátricos

    Algunas familias descartan el internamiento
    inmediatamente, aunque los cuidados traigan consigo una carga económica y
    emocional para las y los cuidadores. La familia de Ilse Valeria Hernández
    Rodríguez, de 18 años, decidió no internarla cuando los doctores de la clínica
    66 lo recomendaron. 

    “Mi papás dijeron que no. Que nosotros íbamos a
    acompañarla y cuidarla en lo que pasaba la crisis”, explica Janeth Hernández,
    hermana de Valeria. 

    Desde que Valeria fue diagnosticada con esquizofrenia a
    los 13 años, Janeth, de 23 años, ha apoyado a su mamá en los cuidados de
    Valeria. Alucinaciones, ataques de rabia, lenguaje agresivo, y un
    comportamiento que Janeth, y su mamá, María Dolores, describen “como raro”,
    fueron algunos de los síntomas que Valeria presentó por varios días hasta que
    el medicamento tomó efecto. Sin embargo, el tratamiento farmacológico recetado
    los primeros años inhabilitaba a Valeria para llevar una vida funcional. 

    “Me sentía rara, babeaba mucho, no podía caminar. No
    tenía fuerza. Tenía mucho sueño, solo quería dormir”, explica Valeria, quien
    nació con espina bífida. 

    Encontrar el medicamento adecuado también ha sido una
    lucha para Mariana. Cuando ha logrado encontrar algún trabajo informal, como
    empaquetar vegetales, es difícil que tome el medicamento ya que teme tener
    algún efecto que le impida realizar su jornada. 

    “El medicamento te tiene dopada todo el día”, explica
    Mariana. “Estaba estudiando, pero acabo de salirme porque batallaba mucho para
    retener las cosas, lo que me enseñaban. Y pues trabajar… no sé si me vayan a
    dar trabajo en algún lado. Por el tipo de medicamento que uso todo el tiempo
    estoy somnolienta”.

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    Mariana también juega con cordones para calmar su
    ansiedad y mantenerse conectada con la realidad. // Daniel
    Becerril  

    Abuso sexual

    “Mis razones fueron por abuso sexual, mi papá abusaba de
    mí”, cuenta Mariana. “Tuve mi primer intento de suicidio y después empecé a
    escuchar voces y a tener alucinaciones”.

    A pesar del acceso que ha tenido Mariana a los servicios
    de salud mental del estado, hasta el momento no ha recibido ayuda profesional
    ni ha encontrado un espacio seguro para comenzar el proceso de recuperación y
    sanación necesario para  los adultos sobrevivientes de abuso sexual
    infantil. 

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    Mariana asegura escuchar voces que le envían mensajes.
    Ella, para no dejarlos en su cabeza, los plasma en el papel. // Daniel
    Becerril  

     

    La Ley de Salud Mental, aprobada en mayo 2018, garantiza
    “el acceso equitativo a los servicios de salud mental en el Estado, con un
    enfoque de derechos humanos y perspectiva de género”. Sin embargo, según la
    Dra. Alejandra Núñez, coordinadora de la consulta externa del departamento de
    psiquiatría del Hospital Universitario Dr. José Eleuterio González, falta
    implementar de forma sistemática programas de salud mental con perspectiva de
    género.

    “Me ha tocado presenciar como profesional de la salud
    mental y docente, la descalificación o desacreditación de la veracidad de la
    mujer al momento de relatar un evento traumático como abuso sexual. Casi como
    si ser mujeres nos convirtiera en seres susceptibles de mentir o falsear la
    realidad en la que vivimos”, agrega Núñez. 

    Uno de los riesgos, explica Núñez, de ignorar la
    violencia de género al tratar trastornos mentales es el incremento del riesgo
    de suicidio en las mujeres. 

    Las niñas y los niños que experimentan abuso sexual
    tienen al menos tres veces más probabilidades de intentar suicidarse, reveló en
    2019 un estudio de la Universidad de Manchester y la Universidad de Gales del
    Sur. Las personas que no están en contacto con los médicos de salud mental
    tienen el nivel más alto de riesgo.

    En Nuevo León, el suicidio ocupa el quinto lugar como
    causa de muerte, según datos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de
    Nuevo León (FGJENL). Entre enero y agosto 2020 se registraron 237, de los
    cuales 199 fueron hombres. Mientras que 2018 y 2019 han sufrido las tasas más
    altas en los últimos 10 años con 339 y 326 respectivamente, en su mayoría
    hombres. 

    La FGJENL, sin embargo, no cuenta con datos sobre causas,
    o intentos no consumados, que de acuerdo con tendencias globales son las
    mujeres las que realizan más intentos. Tampoco tiene información sobre el
    número de personas que habían buscado atención médica psiquiátrica o
    psicológica, o que estaban bajo tratamiento médico con fármacos antidepresivos.

    A pesar de las altas tasas de suicidios consumados, y la
    ausencia de datos sobre intentos de suicidio, la atención médico-psiquiátrica
    que ofrecen actualmente los servicios estatales de salud mental todavía no
    cuentan con la preparación necesaria para intervenir en conductas
    suicidas. 

    Guillermo Rocha, psicólogo e integrante de la Comisión
    Estatal de Prevención del Suicidio, explica que se está buscando incrementar la
    especialización de profesionales de la salud en esta área.

    “Un especialista en salud mental no es necesariamente un
    especialista en conductas suicidas”, agrega Rocha.

    Especialistas y activistas han exigido un nuevo enfoque
    en intervenciones comunitarias para así identificar a las personas en
    riesgo. 

    En Nuevo León, ese intento se refleja en los dos centros
    comunitarios de salud mental y un centro para la atención de
    adolescentes. 

    El Centro Comunitario de Salud Mental Tierra y Libertad
    (CECOSAME) es atendido por dos psiquiatras, un médico psicoterapeuta, dos
    psicólogos clínicos, dos trabajadoras sociales, y ofrece servicios de atención
    a todo tipo de trastornos mentales de la población en general.  

    El Centro de Salud Psicosocial (CESAPS) es atendido por
    dos psiquiatras, un médico familiar, dos enfermeras, una trabajadora social, y
    también ofrece servicios de atención a todo tipo de trastornos mentales. 

    El Centro de Atención  Integral en Salud Mental del
    Adolescente (CAISMA), es atendido por un psiquiatra, un psicólogo y ofrece
    servicios de tipo ambulatorio para la atención médico-psiquiátrica y
    psicológica de niños, niñas y adolescentes que presentan algún trastorno mental
    o del comportamiento.

     

    Falta apoyo al trabajo comunitario

    El diputado Sepúlveda afirma que los centros comunitarios
    no están realizando su labor como debe ser, ni implementando la Ley de Salud
    Mental. 

    “La Secretaria de Salud te va a decir que tiene personal
    capacitado para atender ese tipo, pero tú vas y platicas con el personal y no
    es cierto”, afirma Sepúlveda. 

    “Simplemente no están yendo a la comunidad. Están
    esperando a que llegue el enfermo y los que salen a comunidad simplemente no
    cuentan con los recursos suficientes”.

    El informe de Documenta afirma que en el país el enfoque
    en la atención a la salud mental ha sido predominantemente clínico, dejando de
    lado la relevancia de los vínculos sociales, la inclusión comunitaria, y la
    igualdad de oportunidades. 

    “No hay disponibilidad de servicios. Una vez que llegas
    al servicio, el tratamiento está únicamente basado en el control de los
    síntomas, no e

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