Luego de más de una década de planeación y negociaciones políticas para financiar el proyecto, el pasado martes 11 de septiembre, cuando se cumplieron 17 años de los ataques terroristas, los gobiernos de México y Estados Unidos decidieron abrir el ingreso por la llamada Garita Oeste, que informalmente también ha recibido en redes sociales el nombre de Garita Río Nuevo o Garita Nueva.
Originalmente, el puerto de entrada, que procesa a diario hasta 20 mil vehículos e igual número de peatones, debía contar con un puente que cruzara por la vialidad del Río Nuevo, también conocida como Calzada de los Presidentes, así como un túnel que cruzara por debajo de las vías del ferrocarril, a fin de permitir un flujo contínuo de automovilistas, según consta en el portal de internet de la compañía Perkins+Will, encargada del proyecto.
La Garita Oeste de esta ciudad, diseñada en 2007 bajo los requisitos del Consejo de Edificios Verdes de los Estados Unidos, cuenta con 10 carriles de cruce hacia el norte.
“Una vez terminado, el proyecto proveerá al puerto con espacio operativo adecuado, reducirá la congestión vehicular y contará coon un ambiente seguro para empleados y visitantes”, indica el sitio de internet de la empresa contratada para la obra en el lado estadounidense, que detalló que la actual garita, construida en 1974, resulta insuficiente.
La obra debió terminar el año pasado, según cálculos de Perkins+Will, pero tuvo que retrasarse hasta este mes de 2018.
“La arquitectura, jardinería e infraestructura del Puerto de Entrada a Calexico están predestinados a convertirse en una intersección del ambiente específico, cultura rica y orgullo cívico, al aspirar al más alto nivel de innovación y creatividad en diseño”, establece el portal de la misma compañía.
“También servirá como ejemplo de cómo un clima árido, sin causar daño, usa el sol, el viento, el agua y la tierra responsablemente”, agrega la empresa, la cual se comprometió a procesar de manera segura a peatones y automovilistas.
Y quizá del lado estadounidense las cosas marchen tal y como estaban programadas. El problema se da del lado mexicano, donde la obra estuvo a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional.
El proyecto en Mexicali registraba diversos problemas desde hace tiempo. Para darse una idea, relatan trabajadores del lugar que la persona encargada de la nómina llegó a cobrar una tajada a los empleados de la construcción por autorizarles horas extras de empleo. Luego de ser sorprendido, el encargado fue simplemente removido a otro puesto.
Tan solo el sábado, a unos días de empezar a operar la garita, los militares encargados ofrecieron un pago en efectivo de casi 100 dólares a cada trabajador que aceptara permanecer laborando, a lo cual muchos accedieron.
A pesar del esfuerzo, los encargados de la obra decidieron omitir la base hidráulica para hacer la vialidad que conduce a las cabinas de inspección en el lado americano.
“La nueva instalación de procesamiento de vehículos refleja nuestro compromiso con la seguridad en la frontera, así como a la prosperidad económica de la región”, dijo en un comunicado el director de la garita, David Salazar.
“Mejora nuestra capacidad para garantizar el flujo de los viajes internacionales legítimos salvaguardando al mismo tiempo al Valle Imperial del terrorismo, drogas peligrosas, el tráfico de personas y otras amenazas criminales”, añadió el funcionario.
Días antes de la apertura, tanto la Administración de Servicios Generales de los Estados Unidos como la Secretaría de Infraestructura y Desarrollo Urbano anunciaron la inminente inauguración a partir de las 8 de la mañana del martes.
Inmediatamente después del cierre de la antigua garita vehicular, cuadrillas de trabajadores de una compañía privada instalaron primero barreras color blanco, sobre las cuales fue colocado un cerco Perimetral que en lo alto lleva alambre que impide el ingreso inapropiado de migrantes, mientras se esperan los fondos para construir la Fase 2, que incluye el derrumbe del actual puerto.
El problema principal, que ha causado polémica y generado críticas hacia el gobierno saliente del priista Enrique Peña Nieto, es la ausencia del paso a desnivel que habría permitido a los automovilistas cruzar con seguridad por debajo de las vías del tren. El proyecto incluso carece de plumas que impidan el paso vehicular cuando cruce el ferrocarril.
Dicho proyecto, junto con el puente que habría comunicado los carriles al sur con la Zona Centro, representan un costo de 300 millones de pesos, según explicó en redes sociales Arturo Arballo, presidente del Comité de Vinculación de Mexicali.
De acuerdo a Arballo, los organismos empresariales de la capital de Baja California han luchado con el gobierno mexicano por incluir estas dos obras en el proyecto, las cuales quedaron fuera y podrían construirse hasta 2019.


