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domingo, 10 mayo 2026
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    La insoportable levedad del narco

    Historias para compartir
    Columna de opinión 

    Por Eneida Sánchez Zambrano*
    @obradevirgilio

    “Andas en la baba”, “andas valiendo” o “andas en la estratósfera” son algunas de las frases menos altisonantes que se expresan cuando estamos ubicándonos fuera de la realidad. Así andamos la mayoría en este País: cada loco con su tema, con su caso y con su “veldad”. Cada quien a sus intereses y cada uno a sus preocupaciones.

    Lo que para algunos resulta relevante para otros no es un problema. Lo que para algunos es sorprendente para el resto forma parte de la vida diaria y la cotidianidad. Las circunstancias políticas, económicas y sociales (nos) han llevado a vivir a (esta) especie de relativismo social. Las redes sociales nos abren puertas inimaginables a un activismo social en plataformas tecnológicas, pero da cuenta de lo que somos como sociedad. La necesidad más urgente en una comunidad es el poder sostener a su familia.

    El tener empleo, seguridad y calidad de vida. Y en estos tiempos muchos pudieran considerarlo a costa de lo que sean. Quisiera compartirles una experiencia: Recientemente visité mi tierra natal Guamúchil, Sinaloa; sí, de allá mismo, de donde es Pedro Infante, donde atraviesa el Río Evora, cerquitita de Mocorito, La Angostura y Alhuey. Ese municipio pequeño –dedicado principalmente a la agricultura y porqué no decirle, centro de operaciones de comerciantes de estupefacientes- pareciera un lugar sitiado.

     La cotidianidad y lo acostumbrada que está la comunidad a la presencia de la cultura del narco, el combate que intenta hacer el gobierno a través de la Marina, el ejército y la Policía Estatal Preventiva parecen ser parte del día a día.

    Dos o tres patrullas del Ejército con armas en la mano, algunos con los rostros cubiertos, se pasean por las principales calles y otras más por parte de la policía estatal son un fragmento de esta dinámica. La ciudadanía ni se sorprende, ni se escandaliza, sino todo lo contrario. A esos personajes se suman jóvenes en motocicletas –los denominados “punteros”- quienes persiguen a las autoridades policiales para indicar los pasos a los jefes de la plaza en cada avenida.

    Estos chavos, en su mayoría reclutados por los grupos de delincuencia organizada, son jóvenes entre 16 y 25 años, delgados, quienes se comunican por celular o radio para indicar las coordenadas de las autoridades federales o estatales. En algunos casos son capturados por el propio Ejército o en otros solamente son ignorados. Esperan cerca de los cuarteles la salida de los “Hummers” repletos de elementos del Ejército armados hasta las cachas para empezar su recorrido, cerquita de ellos; son los halcones motorizados que dan marcaje personal a la autoridad.

    La historia forma parte del recorrido natural donde la indignación por las muertes se vive callado y donde se justifica que el fallecido no era delincuente, sino solo traficante de drogas. Son los nuevos códigos de una sociedad, donde la claridad sobre hablar del narco es parte de lo normal. Acá lo normal es escuchar historias y glorias de narcotraficantes, celebrar a ritmo de grupos norteños y escuchar las odas a tal o cual personaje, porque así se usa.

    Ahora, vayamos al multicitado video de “Fuiste Mía”, sobre el cual una semana después su intérprete Gerardo Ortiz sale a la defensa y asegura que no es el único y que en pocas palabras “hay piores”. Y efectivamente hay “piores”, porque cuando un narco fallece y su cuerpo yace caliente, se cuenta su leyenda de arrojo ante sus adversarios, sus triunfos y desgracias.

     En este tema del cantante he visto comentarios en redes sociales donde las jóvenes universitarias hacen a un lado el tema del trato a la mujer y aseguran que es un escándalo más. Quien ha visto el video y lo ha analizado puede darse cuenta de que destroza la imagen de la mujer, es violento y sugiere un asesinato. Dice el cantante sólo actuó, para añadir que la crítica ni le hace cosquillas y solamente levanta su fama y la defensa de un grupo de fanáticos que prefieren la realidad que le interpreta en sus canciones por encima de la que queremos construir hacía el futuro basada en el respeto, legalidad, justicia y trabajo.

    Es el nivel de tolerancia de una comunidad que dice que no pueden hacerse para un lado u otro porque se los “clavan”. Como dice Cristina Pacheco:” “Allí les tocó vivir”, y ni modo, así es la vida. Es la salida o la respuesta a un gobierno que tiene todo menos credibilidad.

    * Eneida Sánchez Zambrano es nómada por convicción. Emprendedora en el impulso de proyectos de consumo local. Actualmente es consultora de comunicación ciudadana, política pública y redes sociales.

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