Por: Hugo Méndez Fierros
En las últimas horas hemos atestiguado en vivo a través
de transmisiones en redes sociodigitales, el drama que viven los migrantes
hondureños que integran la primera caravana del 2021. Se reporta en medios de
comunicación son entre 7,000 y 9,000 migrantes que impulsados por el miedo a
vivir en su país caminan hacia el norte.
El miedo a la violencia e inseguridad pública, a la
miseria, a un futuro cancelado, instiga a miles de mujeres y hombres adultos,
muchos de ellos acompañados de niños y ancianos, a marchar rumbo a Estados
Unidos, en la búsqueda del sueño americano, representado en los relatos del
cine y la televisión, una y otra vez. O quizá como refiere un usuario de twitter:
“no van hacia el sueño americano, huyen de la pesadilla centraomericana”.
El encontronazo entre migrantes y fuerzas militares de
Guatemala se colocó como tendencia en las redes a nivel internacional. Las
imágenes y el audio original no necesitaron de la mediación periodística para
capturar la atención de las audiencias. El discurso espontáneo y fluido de la
acción social envuelve a las audiencias por la brutalidad del enfrentamiento
entre unos dando pasitos cortos y otros dando garrotazos. Adultos indefensos detenidos
con violencia. Niños llorando. Gente corriendo despavorida y gases
lacrimógenos.


Foto Sandra Sebastian AP // Foto
EFE fotos
Los comentarios de los usuarios de redes y páginas
periodísticas digitales están polarizados. De un lado los que defienden el libre
tránsito como un derecho humano y asumen una postura solidaria; del otro lado quienes
ven con recelo la llegada de miles de personas sin un control sanitario, en el
marco de la pandemia por Covid-19 y que juzgan negativamente la entrada de
manera ilegal a su país.
Es el miedo a los otros expresado a través del lenguaje.
En las redes sociodigitales los usuarios encuentran el cobijo del anonimato. Es
un espacio que por el distanciamiento físico e ideológico se imagina como
irreal. Al estar solos frente a una pantalla, la libertad de opinión de muchos
usuarios adopta la forma de expresiones racistas y xenofóbicas, a fin de
cuentas no hay consecuencias aparentemente.
Como señala Nancy Baym,
en su libro Personal connections in the digital age, cuando no somos vistos y
podemos cerrar sesión con facilidad, cambiar el nombre de usuario en la
pantalla, no tenemos que enfrentar las consecuencias de lo que hemos hecho
público. Cuando las personas con las que interactuamos en el entorno on line no
forman parte de nuestro círculo de conocidos y cuando usamos un nombre falso, nuestros
comportamientos negativos no tendrán repercusiones en nuestra vida fuera de las
pantallas -off line-.
Usuarios de redes en México comienzan a construir una
imagen negativa de los migrantes hondureños. Sin sentido reflexivo, mucho menos
solidario o empático. Expresiones como
“Solo vienen a agravar más la situación y a sufrir…y no les gustan los
frijoles”. “A México ya no pueden pasar…las fuerzas armadas deben garantizar
nuestra soberanía mediante el respeto al territorio nacional”. “No hay
condiciones en México para recibir esta gente que además deja un cochinero por
donde pasan”. “Son una lacra”. “No son migrantes, alguien está detrás de
ellos”.
En el contexto fronterizo aún no cobra relevancia esta
caravana en las agendas mediática ni política, pero, esa realidad no es muy
lejana. ¿Qué tipo de tratamiento periodístico veremos en torno a este fenómeno
social? ¿Cuál será la narrativa del gobierno bajacaliforniano, que está a unos
meses de concluir? ¿Cuáles serán las posturas de las y los candidatos a la
gubernatura acerca de la caravana?
El tiempo de pandemia, el cambio de gobierno en los
Estados Unidos, las elecciones en México, específicamente, en esta frontera
bajacaliforniana, son un marco que da un sentido interpretativo distinto a esta
nueva caravana migrante, la primera del 2021.
[No. 18/2021]. El autor de esta publicación es
profesor-investigador en la Facultad de Ciencias Humanas, UABC.


