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sábado, 23 mayo 2026
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    Las rebeliones de enero

    El nuevo mural sobre la fachada del
    IIC-Museo, «Las rebeliones de enero», fue presentado oficialmente por
    autoridades de la UABC el jueves pasado.* En los apróximadamente 450 metros
    cuadrados que forman el muro se incluyen seis episodios históricos de Mexicali,
    representando a su vez seis luchas populares distintas –sin que los temas se
    excluyan mutuamente–: (1) La intervención magonista; (2) el Asalto a las
    tierras; (3) las movilizaciones contra la salinidad del Valle de Mexicali; (4)
    la huelga universitaria y la ocupación de terrenos por la vivienda; (5) la
    defensa del agua (2017-Presente); y (6) la lucha feminista por la equidad de
    género.

    El trabajo fue coordinado y ejecutado por
    Mauricio Villa, a quien Elena Katzenstein, Nathalia Carrillo, Carlos Garzón,
    Iván Martínez y quien escribe apoyamos en lo que pudimos, desde el más simple
    acompañamiento pasando por conseguir materiales no disponibles ni
    posibilitados, poner para el transporte y el alimento, servir de seguridad, ser
    mano de obra, fondear paredes, pintar detalles, etc.

    Toda la superficie del mural es en escala de
    grises, salvo el título, al principio de la obra, y una frasesita medio
    escondida hasta el final que dice: «la lucha es contínua…»

    Este es el texto revisado que se leyó en la
    presentación del mural el jueves 7 de octubre de 2021:

    I.

    Las ideas que se convirtieron en el trabajo
    que se convirtió en el mural de nombre «Las rebeliones de enero» son
    fundamentalmente crítica social. Pero que no se malinterprete: no son solamente
    crítica social, porque también son todo lo que se ha dicho aquí y en otros lados
    y todo lo que se seguirá diciendo en otros lados y aquí. Decimos que las ideas
    son fundamentalmente porque fueron concebidas en un lugar habitado por
    espíritus combativos y armado de espíritus asamblearios –espíritus, vale
    recordarlo, que no han dejado de moverse de manera intensa desde hace casi
    cinco años.

    Hacía
    tiempo que unas imágenes pintadas sobre una pared no nos obligaban, como el
    viento y las mareas obligan a las olas, a preguntarnos «y eso que sé qué
    es, ¿qué quiere decir y qué me está diciendo?»… y luego todavía tener
    que cuestionar, inmediatamente, nuestra propia respuesta-interpretación. 

    «Las
    rebeliones de enero» son entonces crítica que no puede evitar chocar con
    posiciones políticas cómodas y acomodadas que representan un sentido común
    desde nuestro espejo o antípoda; son crítica a la falta de significado que hay
    por todos lados en la estética de una ciudad que se supone es democrática, desde
    la publicidad en revistas hasta los espectaculares y definitivamente
    desbordando indiferencia en los trabajos comisionados a profesionales por
    cualquier nivel de gobierno; son crítica a la falta de memoria colectiva y a la
    negación de una memoria desde abajo; al vacío de vida de lo que se vende y se
    compra como arte en la ciudad y el estado; a todos los espacios públicos que
    han sido apropiados por intereses privados; y, especialmente, son crítica a
    quienes niegan o restan importancia al protagonismo de lo popular en nuestros
    propios procesos de liberación de los cuales no podemos más que ser herederxs de
    sus grandes y pequeñas victorias y derrotas, aciertos y fallos; y con cuyxs
    participantes y protagonistas estaremos siempre en deuda porque con la dignidad
    no hay vuelta de hoja.

    II.

    Muchas veces se nos ha dicho y repetido que
    la política y la cultura no se mezclan ni deben mezclarse; que polemizar dentro
    de esos dos ejes no solo es de mal gusto sino que también es de mala educación
    y hasta grosero. Que cada quien tenga sus razones para huir de los malos
    consejos que disfrazan lxs peores amigxs cuando ofrecen recomendaciones sensatas:
    una de nuestras razones para desobedecer esta etiqueta fue darnos cuenta que
    quienes repetían tanto la imposibilidad universal de una síntesis entre cultura
    y política eran lxs mismos que al final del día controlaban a ambas desde el
    poder central. Y decidimos ya no creerles nada.

    En
    efecto, lo que descubrimos fue que no hay posición más falsa, cómoda y
    cortesana que aquella que entiende a la relación entre los factores
    artísticos-culturales y el desarrollo político-social del mundo humano, como
    una similar a la de cuerpo-alma, materia-espíritu.

    Lamentablemente,
    a día de hoy seguimos siendo víctimas de las mutaciones del colonialismo
    originario. Es decir, que el significado que vivía en la palabra cultura fue
    desalojado por la policía del pensamiento y a su espacio mandaron a uno de los
    hijos del poder para ocuparlo: el entretenimiento. Quien no quiera tomar esto
    en serio o no quiera creernos no tiene por qué hacerlo: lo que aquí repetimos
    no es un castillo de naipes ni una ocurrencia bajada de las nubes. Fueron los
    científicos sociales más prestigiosos de la primera mitad del siglo 20 alemán, la
    escuela de Frankfurt, quienes bautizaron como industria cultural a esta rueda
    de la fortuna andando en medio de una feria en llamas.

    III.

    Borrar la historia es la forma más segura
    para convertir a las personas en esclavas; en primer lugar de la ignorancia y,
    en segundo, de un rey o de un dios falso que no se engendra ni sale del pecho
    de nadie.

    IV.

    «Las rebeliones de enero» también
    son un recuperar territorio (o una parte) o la re-territorialización de un
    espacio que se había perdido entre un vertedero de novedades foráneas y un
    vacío de significado comunitario, es decir histórico.

    Sin
    retirar la responsabilidad que siempre existirá de parte de quien ejecute
    cualquier encargo creativo, quienes contratan y asignan proyectos
    institucionales con dinero del erario son los servidores públicos, por lo que
    son precisamente ellxs quiénes tienen la responsabilidad y la obligación principal
    de pensar cada proyecto cultural para todos, para todas y para todoas.

                V.

    «Las rebeliones de enero» rechazan
    la actitud de resignación política y fatalista ante la inminente posibilidad de
    una vida precaria mediada por quiénes sólo tienen al dinero como intermediario para
    controlar lo que es de todos y hacen la guerra para evitar que lo hagamos
    propio: la Tierra, el agua, las herramientas, las energías… Especialmente
    cuando quienes adoptan esta actitud sumisa ante el mal poder son lxs servidorxs
    públicxs.

    «Las
    rebeliones de enero» rechazan la versión empresarial y corporativa de la
    Historia, la cual solo reconoce una mejoría en nuestras condiciones de vida gracias
    al desarrollo de las economías de mercado y a la mal llamada democracia en que vivimos –porque le llaman democracia y no lo es–, y en su lugar busca caminos
    que mejoren nuestra calidad de vida otorgándole más valor a las relaciones
    sociales que a las relaciones económicas.

    Y
    «Las rebeliones de enero», básicamente, rechazan la privatización de
    lo público. Primero desde lo concreto, recuperando una pared de casi medio
    kilómetro cuadrado en el corazón de una de las comunidades más privatizadoras
    de Mexicali; y, segundo, desde lo abstracto al reivindicar desde lo simbólico el
    derecho a la memoria que tienen las comunidades y cada persona de saber su
    historia rebelde y de rebeldía, que es también la nuestra y la de todos los
    cuerpos que no piensan rendirse ni se van a rendir, hasta que la dignidad se
    haga costumbre.

    Equipo de trabajo para el mural «Las
    rebeliones de enero»

    A 9 de octubre de 2021, en Mexicali, Baja
    California, México




    (*) Como comentario al proceso de trabajo y
    a las autoridades universitarias responsables, aún reconociendo que convocatorias
    como la que hizo posible este mural hacen más democráticos a los espacios de
    alto impacto dentro de la UABC, hay que decir que al proyecto en general, y especialmente a su autor, se le proporcionaron poco menos de las atenciones
    necesarias para respirar. Si este comentario se considera una falta de
    sensibilidad de quien escribe, en todo caso, bienvenido sea el debate.

    El autor es sociólogo y filósofo por Pitzer
    College y ha publicado cuentos, ensayos, reportajes y entrevistas en México,
    España, Estados Unidos, Argentina y Chile. Actualmente estudia derecho en la
    UABC. 

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