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    Coahuila: 10 años con récords de madres adolescentes

    Una estadística no se presume: en la última década, la
    entidad ha ocupado los primeros lugares en nacimientos en madres adolescentes.
    ¿Por qué seguimos en la cima de este problema de salud?


    Texto y Fotografía Francisco Rodríguez

    Ilustración principal: Edgardo Barrera 

    Daniela ríe. Ríe mucho cada que platica. Juega con su
    suéter y suelta una carcajada cuando relata su experiencia. Ríe como una
    adolescente de 17 años que cuenta sobre una travesura. Pero a los 14 años esa
    sonrisa se le desvaneció cuando se enteró que estaba embarazada. 

    Ella no lo sabía entonces pero en 2019, año en que dio a
    luz a su hijo Charbel, ella fue parte de la estadística que llevó a Coahuila a
    ocupar el tercer lugar del país con la mayor cantidad de nacimientos
    registrados en madres adolescentes (menores de 20 años) según cifras del
    Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). 

    De hecho, en la última década (2010-2019) Coahuila ha
    estado seis años en el primer lugar en nacimientos de madres adolescentes, tres
    años en segundo lugar y un año en tercer lugar. Un ranking de salud pública que
    no tiene nada que presumir.

    Aunque a partir de 2014 el porcentaje de embarazos y
    nacimientos en madres adolescentes ha disminuido ligeramente cada año en la
    entidad (en 2019 fue de 19%), Coahuila no ha podido salir de los tres primeros
    lugares y está lejos de las entidades con los niveles más bajos del país como
    Nuevo León, Quintana Roo, Querétaro, Baja California Sur y Ciudad de México,
    que tienen desde cuatro hasta siete puntos porcentuales menos. 

    Recientemente se publicó el Primer informe de maternidad
    infantil y adolescente en Coahuila 2019 a cargo de la asociación civil
    Matatena. Datos revelados por la organización refieren que en 2019 se
    reportaron 9 mil 948 nacimientos de niñas madres y adolescentes madres de 11 a
    19 años. 

    ¿Por qué Coahuila ha estado en los primeros tres lugares
    en la última década? La pregunta se la hago a Daniela y ella responde con una
    broma:

    -Porque no hay tele.

    Después trata de ponerse seria:

    -¿Quién sabe? A veces aunque nos den la educación, vamos
    y abrimos las patas. No es tanto la educación, es de uno, hay muchas cosas para
    cuidarte y ahí vas. Creemos que no pasa nada. 

    Y lanza una risa cohibida. 

    Ella admite que pensaba que nunca se iba a embarazar. Su
    educación sexual, me dice, se limitó a una advertencia de su madre: “No vayas a
    andar dando tu tesorito”. Daniela lo dice y se ríe. Esconde la cabeza y se
    tuerce de la risa. 

    Sinahí Ferrer, trabajadora social y encargada del
    Programa de Sexualidad Responsable del DIF Torreón, comenta que en el programa
    que consta de un taller de dos meses para jóvenes embarazadas, se encuentran
    casos de madres que no conocen su cuerpo, ni los nombres ni funciones. A ese
    taller llegó Daniela con varios meses de embarazo. Era de las más
    pequeñas. 

    -Llegan y nos dicen ‘cómo es posible que ya vaya a ser
    mamá y no conozca mi cuerpo’. Algunas hasta con más de un hijo –comenta. 

    Daniela también cree que hay niñas que lo hacen por
    atención. Ella, pese a no tener un padre presente, asegura que tuvo la atención
    de su madre. 

    Aunque quizá tampoco lo dimensione, su caso también es
    más complejo. 

     

    ¿Un problema de violencia?

    Daniela dio un trago a un vino en una fiesta y vomitó.
    Vomitó y siguió vomitando. Regresó a su casa y su novio estaba ahí tomando con
    amigos. El padre de su novio era también novio de su madre. 

    Dos pruebas de embarazo salieron negativas hasta que un
    mes después se hizo una prueba de sangre que confirmó el embarazo. 

    -Sentí tristeza. Sentí que me fallé a mí, a mi mamá.
    Pensé ‘qué voy a hacer con un hijo, con un niño’. Me la pasaba llorando, qué
    voy a hacer. Mi mamá se enojó y se fue de la casa, se fue a vivir con mi
    hermana. 

    Llevaba una relación de un año con el padre del hijo que
    esperaba. Un joven de 20 años, aunque Daniela cuenta que hasta que se embarazó
    supo que tenía 20. Él le había dicho que tenía 18 años. 

    Daniela se ríe cuando relata la anécdota de los seis años
    de diferencia. 

    Pero ese dato no debe dar risa: en Coahuila el embarazo
    de una menor de 15 años debe ser investigado como un delito de violación. Según
    el artículo 229 del Código Penal de Coahuila, se considera violación equiparada
    y se impondrá de once a dieciocho años de prisión y multa, a quien realice
    cópula con una persona de cualquier sexo, menor de quince años de edad. Daniela
    tenía 14 años cuando se embarazó. Su novio tenía 20 años. 

    Desde 2017 hasta el primer cuatrimestre de 2021, 133
    mujeres de 15 años o menores, denunciaron un delito de violación en Coahuila,
    pero se desconoce cuántos de esos casos involucraron un embarazo. 

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    Monserrat Martínez Aguado, directora de Integración
    Familiar del DIF Torreón asegura que en muchas ocasiones, las madres de las
    chicas, por comodidad, consienten que la hija se mantenga en esa relación.

    PROTOCOLO DE PAPEL

    Uno de esos avisos tendría que ser a la Fiscalía General
    del Estado (FGE) en los casos de jovencitas de 15 años o menos que llegan
    embarazadas. Sin embargo, según una respuesta a una solicitud de información,
    la FGE únicamente ha recibido 41 avisos desde 2017 por parte del Instituto
    Mexicano del Seguro Social y de la Secretaría de Salud. 

    Esos 41 avisos contrastan, por ejemplo, con los
    nacimientos de 2019. Según el Informe Matatena, ese año hubo 221 nacimientos de
    niñas entre 11 y 14 años. La principal edad fue los 14 años con 178 nacimientos.
    Los nacimientos en niñas de 11 a 14 años es más del 400 por ciento de la
    cantidad de avisos a la Fiscalía en más de cuatro años.  Es decir que tan
    solo de 2019 debió haber un registro de 221 avisos. Pero no se hizo. 

    Además, de los 221 casos registrados, el 10% de los
    nacimientos ocurrieron en el área rural y más del 84% en el área urbana. El
    porcentaje restante no se especificó.

    “Si no se atienden se infiere que no hay un seguimiento
    al ministerio público de estos casos de niñas y adolescentes”, critica Cinthya
    Moncada presidenta de la asociación Matatena. 

    Una de las principales alertas de la problemática del
    embarazo infantil y adolescente, señala el informe de Matatena, son las edades
    de los progenitores, las cuales abarcan de los 12 a 45 años, con un promedio de
    edad de 18 años (mayoría de edad), sin embargo, se desconoce la edad del
    progenitor en el 28% de los nacimientos.

    El informe destaca el caso de un progenitor de 12 años
    pareja de una niña de 11 años, otro de un progenitor de 15 años con una niña de
    12 años en la parte baja de la distribución de edad. Por otro lado hay registro
    de un progenitor de 45 años pareja de una niña de 14 años, otro progenitor de
    35 años con una niña de 14 años en la parte alta de la distribución de
    edad. 

    El informe no lo dice, pero también está el caso de
    Daniela: ella de 15 años cumplidos cuando nació su hijo, él de 21 años. 

    Esos casos, que deberían seguirse por protocolo como un
    delito de violación, no tienen ninguna repercusión ni represalia.

    Monserrat Martínez Aguado, directora de Integración
    Familiar del DIF Torreón, admite que hay casos de chicas menores de edad con
    parejas de 40 años. Asegura que han presentado la denuncia pero que en muchas
    ocasiones, las madres de las chicas, por comodidad, consienten que la hija se
    mantenga en esa relación. En otros casos, dice, las abuelas se involucran mucho
    e insisten en la misma idea. 

    Otros casos de madres adolescentes con adicción a las
    drogas, principalmente al cristal. 

    Cinthya Moncada, de la asociación Matatena, menciona que
    se está pasando de largo analizar el tema de los progenitores, pues la carga en
    todos los sentidos recae en niñas y adolescentes. 

    -Es un trabajo de todos los frentes. Se debe de dejar de
    romantizar, de normalizar que a lo mejor mi hija se fue con un hombre de 35 que
    tiene trabajo seguro. Todas estas problemáticas están ahí, y están influyendo
    en la maternidad y embarazo infantil. No es solo un tema de acceso a métodos
    anticonceptivos. O una cuestión de prohibir, es mucha falta de educación sexual
    y combatir la violencia y abuso sexual”, comenta. 

    Porque violencia sexual, explica Moncada, no es solo un
    callejón obscuro y un desconocido, también es chantaje, es presión y otras
    formas. 

    Para Ariadne Lamont, directora de Incidencia y
    Acompañamiento de INCIDE Femme, no se debe hablar de niñas de 10 años que se
    embarazan de su novio, sino de niñas que violan. “Hay niñas de 16 años
    embarazadas por hombres de 40 años”, comenta.

    Daniela asegura que no vivió ningún tipo de violencia.
    Reconoce fue mera irresponsabilidad.

    Sin embargo, para Cinthya Moncada, el tema de la
    maternidad infantil está relacionado con la violencia sexual, que es una
    vertiente que la organización busca visibilizar. 

    Aunque para Monserrat Martínez del DIF Torreón, la
    inmadurez de las adolescentes no da para que reconozcan muchas veces la
    violencia, sobre todo sexual.

    El director del Hospital General de Torreón, José Luis
    Cortés Vargas, hay un subregistro de denuncias de agresiones físicas y sexuales
    debido principalmente a que las familias no quieren denunciar. 

    NADIE TE VA A QUERER

    Daniela estudiaba segundo de secundaria cuando tuvo la
    noticia de su embarazo. La directora de la escuela aconsejó que llevara las
    clases en casa. Le llevarían los trabajos y tareas. En un inicio entregó todo
    pero afirma que reprobó y optó por abandonar los estudios porque no le vio
    caso. Sus amigas se alejaron conforme la panza creció. 

    También se alejó del padre de su hijo. Nunca se juntó con
    él y cuando nació el niño terminaron la relación. Su mamá se enojó por esa
    decisión. “Nadie te va a querer con bebé”, le decía. Daniela se ríe al contar
    los pleitos y regaños de su madre. 

    Para Cinthya Moncada, hay una normalización de la
    violencia y lo ejemplifica en que la familia cuando sabe que un hijo o hija fue
    víctima de violencia, no quiere denunciarlo porque no quiere cargar con la
    responsabilidad o porque no puede mantener al hijo que va a nacer. Prefiere que
    se haga cargo a meterlo a la cárcel. 

    Según el Censo de Población del INEGI 2020, en Coahuila
    había 789 niños entre 12 y 14 años que no son solteros, es decir, viven en una
    “situación conyugal”, como puede ser casado (194 menores), en unión libre
    (434), separados o hasta viudos, eso, aunque el matrimonio en menores de 18
    años está prohibido.

    Sin embargo, Moncada comenta que la mayoría de los
    menores viven en unión libre lo que implica muchas complicaciones legales
    porque es una unión no reconocida por la ley, es decir, hay un hueco enorme con
    la prohibición. 

    De los 434 niños y niñas en Coahuila que viven en unión
    libre, se desconoce si la pareja es también menor de edad o es una persona
    adulta. 

    Mientras que en el rango de 15 a 19 años, la cifra de
    personas en una situación conyugal diferente a la soltería, es de 26 mil 594;
    de las cuales 21 mil 798 están en unión libre y 2 mil 859 están casadas civil,
    religiosamente o ambas.

    Ariadne Lamont dice que se necesita pensar que muchachas
    de 24 años con cuatro o cinco hijos es un problema de violencia de muchos
    tipos. Y critica que pareciera que se trata de cuerpos que no importan.

    -Nadie puso el cuidado que si ya había parido a los 13,
    no se llenara de hijos –reclama la activista.

    Monserrat Martínez del DIF Torreón, cuenta el caso de una
    madre de treinta y tantos años que tenía ocho hijos y esperaba a un noveno. A
    sus tres primeros hijos se los quitó su primera pareja. “Ella decía que su
    pareja actual abusaba de ella, había maltrato y la obligaba a consumir drogas.
    La metimos a un refugio para que estuviera con todos sus hijos”, comenta. 

    Según el Censo del INEGI, en Coahuila hay 321 niñas entre
    12 y 14 años que tienen por lo menos un hijo o hija. No es broma: hay 30 niñas
    de esa edad que ya tienen dos hijos, 17 que ya tienen tres hijos. 

    Mientras que del rango de edad entre 15 y 19 años, hay 2
    mil 374 adolescentes coahuilenses con dos hijos según el mismo Censo del INEGI;
    222 en esa edad con tres hijos, 24 con cuatro hijos. 

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    Se encuentran casos de madres que no conocen su cuerpo,
    refirió Sinahí Ferrer, trabajadora social y encargada del Programa de
    Sexualidad Responsable del DIF Torreón.

     

    Sinahí Ferrer, trabajadora social y encargada del
    Programa de Sexualidad Responsable del DIF Torreón, refiere que la mayoría de
    los casos que han atendido se trata de adolescentes en relaciones inestables,
    mamás solteras o jóvenes que aseguran son víctimas de maltrato y violencia.
    Otros casos en los que se juntaron con la pareja pero viven desde esa edad la
    cultura machista donde, por ejemplo, les prohíben estudiar.

    En experiencia de José Luis Cortés Vargas, director del
    Hospital General Torreón, los progenitores no suelen acompañar a las madres y
    más bien está el apoyo de los padres, madre principalmente. Reconoce que sí hay
    casos donde la diferencia entre la adolescente embarazada y el progenitor, es
    de cuatro o cinco años. 

    Servicios ¿con estigmas?

    El gobierno de Coahuila ha implementado desde la
    administración pasada, una Estrategia Estatal de Prevención del Embarazo en
    Adolescentes en el Estado alineada a la Estrategia Nacional de Prevención de
    Embarazo Adolescente (ENEPEA) donde a través del Grupo Estatal de Prevención de
    Embarazo Adolescente (GEPEA) busca promover la garantía y acceso a los derechos
    de las y los adolescentes y en particular los derechos sexuales y
    reproductivos.

    El objetivo de la estrategia es disminuir a cero los
    nacimientos en niñas de 10 a 14 años y reducir en un 50 por ciento la tasa de
    fecundidad de las adolescentes de 15 a 19 años para el año 2030.

    La estrategia busca incidir en temas como la educación
    inclusiva, la educación integral en sexualidad, oportunidades laborales,
    entorno habilitante, servicios de salud amigables y resolutivos y detección
    temprana y atención a la violencia sexual.

    Laura Hernández de INCIDE Femme, considera que las
    estrategias tanto estatal como nacional, teóricamente están muy bien diseñadas,
    sin embargo, el problema es que se cae a la hora de la implementación,
    monitoreo y evaluación.

    Asegura que las instituciones de salud ofrecen servicios
    con estigmas, sexismo, machismo y discriminación, donde si los jóvenes piden un
    método anticonceptivo, no se los dan porque no hay un “sistema amigable” para
    que los adolescentes se sientan con la confianza o se encuentran con procesos
    largos y complejos. 

    Uno de los grandes problemas es que las instituciones
    únicamente reportan números: di tantas pláticas de métodos anticonceptivos y
    ya.  También critica que se crea que con la numerología se está haciendo
    incidencia efectiva cuando no.

    -Te metes a las pláticas pues resulta que son
    capacitaciones que duraron 40 minutos para un grupo de 10 personas en una
    ciudad. No se llega a la comunidad rural o se repiten los estigmas y
    discriminaciones. 

    Se buscó a Katy Salinas, coordinadora del GEPEA, para
    conocer su postura pero no hubo respuesta.

    ¿Quién los atiende?

    De acuerdo a la Norma Oficial Mexicana 046 para la
    violencia familiar, sexual y contra las mujeres, en caso de embarazo por
    violación, las instituciones de salud deben prestar el servicio de interrupción
    voluntaria del embarazo. Solo es necesario presentar una solicitud por parte de
    la usuaria mayor de 12 años de edad. Y en Coahuila los embarazos en menores de
    15 años deben ser investigados como un delito de violación equiparada. 

    Es decir que todos los nacimientos de niñas menores de 15
    años como Daniela, son embarazos que se pudieron interrumpir. “No sabemos a
    cuántas se les brindó la información adecuada, si podían interrumpir el
    embarazo”, comenta Cinthya Moncada de la organización Matatena. 

    Una respuesta a ese desconocimiento podrían ser los datos
    entregados por la secretaría de Salud de Coahuila a través de una solicitud de
    información: desde 2016 apenas se han reportado 34 interrupciones voluntarias
    del embarazo, 21 de ellas en Saltillo. De las 34 interrupciones, seis fueron en
    niñas y adolescentes de 10 a 14 años y cinco casos entre mujeres de 16 a 20
    años. 

    “Es muy poco”, califica Cinthya Moncada de Matatena.
    Critica que persiste una presión social y un estigma al aborto. 

    La cantidad está lejos de acercarse a las cifras de
    embarazos en menores de 15 años que se reportan cada año.

    Sobre la Norma 046, Moncada menciona que es una de las
    herramientas legales, y comenta que en algunas unidades de violencia de
    hospitales funciona muy bien. Pero ya cuando se tiene que aplicar la norma
    surgen muchas dificultades para acceder a la parte médica. 

    “A pesar que la ley obliga que los médicos no tengan
    objetores de conciencia. Hay muchas trabas y eso para la mujer víctima de
    violencia sexual es desgastante, revictimizante e innecesario. Hay veces que
    las hacen dar muchísimas vueltas, regresar y regresar”, comenta.

    Para el director del Hospital General, José Luis Cortés,
    todavía se tiene que trabajar en la difusión a las pacientes de la norma 046
    para que sientan el apoyo directo de las autoridades y equipos
    interdisciplinarios. 

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    No se debe hablar de niñas de 10 años que se embarazan de
    su novio, sino de niñas que violan, asegura Ariadne Lamont, directora de
    Incidencia y Acompañamiento de INCIDE Femme.

     

    A Daniela le recomendaron abortar. Muchos le dijeron que
    abortara. Pero nunca el ginecólogo con quien se trató o alguna autoridad
    educativa o de salud. Aunque para ella nunca fue opción. Consideró que no iba a
    poder cargar con esa decisión en su cabeza. 

    -Antes decía y ahora qué voy a hacer con un hijo. Ahorita
    digo qué voy a hacer sin mi hijo –cuenta la madre adolescente. 

    Aun así, Moncada considera que hay una desconexión entre
    los hospitales y clínicas particulares con los hospitales públicos. Menciona
    que en los hospitales generales hay una unidad de violencia y se informa sobre
    las condiciones. Pero si llega una niña a una clínica particular o si llega a
    un consultorio particular como Daniela, no se menciona y no se les da a conocer
    sus derechos, no se investiga, no se da un aviso a las autoridades.

    En ese sentido, Moncada refiere que prevalece la
    violencia estructural que predomina en la entidad como otra fuerte razón para
    tener los altos índices de embarazos en adolescentes y niñas. 

    ¿Qué se debe hacer?

    Cinthya Moncada comenta que la estrategia de prevención
    de embarazos es la misma a nivel nacional, sin embargo, consideran que aunque
    haya voluntad, preocupación e interés de todas las partes que conforman el
    grupo estatal de prevención del embarazo, no ha sido suficiente y se necesitan
    acciones más rápidas. Además que todavía existen muchas cosas que se tendrían
    que trabajar y que falta por desarrollar. 

    “Una de ellas es explorar otras vertientes relacionadas
    con el embarazo, no solo enfocarnos en el fenómeno y no poner atención a todo
    eso que está alrededor de niños, niñas y adolescentes”, opina. 

    Refiere que es urgente una actualización de esta
    estrategia y que se aplique en el contexto de Coahuila e inclusive de los
    municipios. 

    “No es lo mismo una niña embarazada en Saltillo, que una
    en Nava o en Acuña. Pensar el fenómeno como general pero también como
    particular, con historias diferentes en cada niña”, apunta. 

    Dice que hay muchos embarazos que se originan porque
    buscan salirse de los círculos de violencia. También señala que hay un problema
    de romantización del embarazo y matrimonio, donde todavía muchos y muchas
    piensan que con un hijo va a mejorar la vida, o ya no van a estar solos. 

    También cree que hace falta una educación sexual
    temprana, que dé a conocer a niños y niñas cuáles son sus derechos. 

    Además, opina que el fenómeno del embarazo infantil y
    maternidad adolescente es tan complicado que se requiere la participación de la
    sociedad e informar de derechos sexuales y reproductivos. 

    “Trabajo desde las bases de la sociedad y donde
    participan todos. Todos tenemos responsabilidad, para empezar a derrumbar estas
    creencias durante tanto tiempo”, comenta la directora de Matatena. 

    Sinahí Ferrer trabajadora social y encargada del Programa
    de Sexualidad Responsable del DIF Torreón, cree que es necesario trabajar más
    en la prevención pues considera que no hay cultura de ésta en la
    sociedad. 

    Lamenta que las y los adolescentes tengan distorsionada
    la sexualidad y todavía crean en mitos como que en la primera relación sexual
    no pueden embarazarse. 

    Para el director del Hospital General de Torreón, José
    Luis Cortés, hay una corresponsabilidad de los padres de familia en los hogares
    para dar una educación general en la familia. Refiere que en los embarazos
    adolescentes, se suelen repetir patrones: la madre se embarazó a corta edad, la
    hija también. “Algunas lo llegan a ver como una salida”, dice.

    En el caso de Daniela, por ejemplo, su hermana gemela
    quedó embarazada dos años después que ella, a los 16 años. 

    Cuando le pregunto a Daniela qué cree que se debería
    hacer para disminuir los nacimientos en madres adolescentes, responde que se
    necesita atención de los padres a los hijos. Lamenta que haya mujeres que no
    tengan el apoyo de sus padres, que las corran de la casa o que las parejas no
    se haga

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