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    El tunicado, la especie invasora que viajó desde el atlántico a la ensenada de La Paz

    Por Daniela Reyes / Causa Natura Media

     

    El tunicado, una especie de apariencia esponjosa color roja y viscosa atravesó el océano atlántico a través de las aguas de lastre de la navegación marítima y llegó a la ensenada de La Paz, en el noroeste de México, causando daños en otras especies y en granjas acuícolas.

    La ensenada de La Paz, Baja California Sur, cuenta con puertos y marinas que presentan tráfico de embarcaciones de todas partes del mundo, por lo tanto, las marinas son el posible centro de introducción del tunicado en La Paz desde el 2015, según Andrea Méndez, bióloga marina y coordinadora de restauración de manglares en la organización civil Costa Salvaje.

    Betzabé Moreno, taxónoma y especialista en ascidias, una clase de organismos a la que pertenece el tunicado, confirmó que éste provenía del Mediterráneo y estaba presente en otras partes del Caribe Mexicano y en Florida, y por lo tanto asegura que esta especie invasora llegó a través de las aguas de lastre de una embarcación extranjera que pudiera ser un buque o un velero que haya transitado por el canal de Panamá.

    Las aguas de lastre son fundamentales para la seguridad y eficiencia de las embarcaciones ya que funcionan como material pesado para aumentar su peso y estabilizarlas en el mar, y al ser soltadas les hacen ganar ligereza, de acuerdo con la Organización Marítima Internacional (OMI), organismo especializado de las Naciones Unidas para la seguridad y protección de la navegación y la prevención de la contaminación del mar por los buques.

    Aunque en ese momento el tunicado parecía inofensivo, en 2016 tuvo un crecimiento abrupto y empezó a asfixiar a los callos de hacha provocando su mortalidad masiva en 2017 que se tradujo en una alta pérdida para los pescadores tradicionales.

    La presencia del tunicado está reportada en otros lugares, incluso en algunas zonas de la bahía de La Paz, pero no ha sido clasificado como especie invasora, pues en ninguna ha actuado de la forma que lo hizo en la ensenada, declarada sitio Ramsar.

    “Se observó al tunicado creciendo de forma masiva sobre las valvas (ambas conchas del ejemplar) de tres especies de callo de hacha, dificultando los procesos de respiración, filtración y reproducción. Cuando cubre las valvas por completo, provoca su muerte por deterioro general de la condición fisiológica, asfixia e inanición”, señaló Méndez en su tesis (2023).

    La invasión generó una alta mortalidad de organismos y la reducción en casi un 75% de la población del callo de hacha, de acuerdo con datos reportados en el Protocolo de detección temprana y respuesta rápida ante la presencia de tunicados (DTRR), elaborado por Silvia Ramírez a través de la organización Noroeste Sustentable (NOS) para proyectos que funcionan con un fondeo internacional.

    Algunas de las explicaciones para que en la ensenada haya sido así, explica Betzabé en su tesis, es que la recuperación del callo de hacha aumentó la disponibilidad de superficies donde vive el tunicado y facilitó su rápida colonización en los bancos de conchas.

    Además de que el 2016, cuando hubo un aumento considerable de tunicado, fue un año en el que la temperatura del mar se presentó muy alta y eso pudo favorecer la reproducción de estos organismos, que al no tener depredadores naturales desequilibran el ecosistema, refiere dicho protocolo.

    Andrea Méndez señala que otro factor importante que pudo haber influido en su propagación son las actividades de dragado en la ensenada, que dispersaron el tunicado cerca de los bancos de callo de hacha.

    Primera cosecha frustrada en 2017

    En 2011 un grupo de 109 pescadores que ahora se constituye como Organización de Pescadores Rescatando la Ensenada (OPRE), acompañado de la organización Noroeste Sustentable (NOS), llegó al acuerdo de no extraer callo de hacha, recurso agotado desde hacía 10 años, para regenerarlo en la ensenada de La Paz como parte de un proyecto de restauración.

    En aquel tiempo se registraron 60 mil callos de hacha en la ensenada que tres años después ya eran 3 millones, gracias al cese de la pesca y la vigilancia comunitaria de las mujeres, menciona Hubert Mendez, un pescador integrante de OPRE en un corto documental que se realizó para mostrar la restauración de la ensenada.

    INSERTAR EL VIDEO: https://vimeo.com/170867886

    En 2017, después de seis cosechas sin extraer callo de hacha, les autorizaron extraer 278 mil organismos, pero el tunicado les sorprendió y sólo completaron 110 mil 486, que corresponden a 3.1 toneladas, según Ramirez, y alrededor de 177 mil toneladas de peso húmedo de tunicado. Se calcula que se perdieron alrededor de dos millones de callos debido al sofocamiento del tunicado y otros fenómenos naturales.

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    Fotografía de un callo de hacha totalmente envuelto en un tunicado en el fondo marino de la ensenada de La Paz. Fuente: Noroeste Sustentable.

    Una vez que la especie invasora fue detectada, los pescadores y NOS empezaron a trabajar en un proyecto con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) para elaborar el DTRR para mitigar o controlar el tunicado.

    De acuerdo con un artículo de la científica Betzabé Moreno-Davila, los esfuerzos para remover el tunicado habían sido costosos, requerían mucho tiempo y eran, en general, ineficaces.

    Por lo que recomendó eliminar las conchas muertas y retirar o cortar las orillas de las conchas con tunicado de una forma particular para que las larvas no se dispersaran y se reprodujeran.

    De la mano de Betzabé, los pescadores se capacitaron y se especializaron e hicieron varias prácticas, hasta que lo incorporaron a sus rutinas.

    Los pescadores salían todos los días y destinaban de cuatro a cinco horas a eliminar esta especie invasora de forma manual, callo por callo, para evitar más pérdidas económicas.

    Esta actividad extra les produjo pérdidas monetarias de aproximadamente 5 mil 700 pesos por día, ya que invertían en la limpieza, en costos como la mano de obra y el combustible, de acuerdo con Méndez.

    Al final el tunicado sólo era sacado a la orilla, se ponía a secar y se desechaba, debido a que fuera del mar no se ha comprobado ningún riesgo, indicó la autora en entrevista.

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    Pescadores de OPRE realizando labores de remoción de tunicado en la ensenada de La Paz. Fuente Alejandra Amaya

    Vacío legal en la inspección a embarcaciones menores

    La teoría de que el tunicado llegó a través de una embarcación visitante que descargó sus aguas de lastre en la Bahía de La Paz es compartida por las expertas consultadas para este reportaje.

    Las aguas de lastre son el principal propagador de virus y bacterias extranjeras que pueden ser consideradas invasoras por amenazar a las especies nativas y a la salud humana, por lo que constituye un problema global, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

    La mejor herramienta para prevenir esto, según indica la autoridad, es la regulación del vaciado de aguas de lastres en aguas lejanas al mar de origen para que sean tratadas previamente y algunas tecnologías de filtración, esterilización, entre otros.

    “Se tiene la obligación de liberar esas aguas de lastre mar afuera, precisamente para poder entrar y no generar un efecto adverso, porque en esas aguas vienen cantidad de organismos y llegan a un ambiente en el que no encuentran depredadores y entonces pueden desarrollarse y eventualmente, como en el caso del tunicado, reproducirse de manera incontrolable”, señaló Silvia Ramírez de la organización NOS.

    Actualmente, existen regulaciones internacionales. En el caso de México, la autoridad que se encarga de verificar que se cumplan los ordenamientos emanados de la OMI es la Secretaría de Marina (Semar), a través de la Capitanía de Puerto, la autoridad marítima en cada puerto habilitado, y de sus funciones como Guardia Costera.

    La Capitanía de Puerto, de acuerdo con Ley de Navegación y Comercio Marítimo, tiene atribuciones para requerir certificados e inspeccionar a cualquier embarcación y vigilar que la navegación y maniobras se realicen en condiciones de seguridad, economía y eficiencia.

    No obstante, Ricardo Lozano García, Capitán del Puerto de La Paz y Capitán de Navío, señaló que estas atribuciones le competen solo cuando se trata de navegación y comercio marítimo y, el resto le corresponde a los inspectores de la Unidad de Capitanías de Puerto y Asuntos Marítimos (Unicapam), a quienes les toca atender la legislación internacional, apuntó.

    “Se le hacen las inspecciones a la marina, pero generalmente son en cuestiones de seguridad y que tengan la infraestructura, los procedimientos y el personal necesario y calificado para darle el servicio a las embarcaciones. Generalmente, ahí son puros particulares y de estos particulares está la población extranjera que llega de cabotaje y su altura la hicieron en otro puerto y ya llegan aquí ya de cabotaje y si se hace un poquito difícil en la parte preventiva… e incluso hay barcos que están aquí desde hace años
    y ya nada más van refrendando, pero su regularización como nacional no la concretan, lo mantienen así por conveniencia. Sin embargo, es digamos un hueco o una bondad a favor de ellos que da la misma ley”, señaló.

    Pero la misma Ley establece que los capitanes de puerto pueden imponer multas a quienes cometan infracciones a los tratados internacionales, reglamentos administrativos o normas oficiales mexicanas; y a propietarios navieros de embarcaciones nacionales o extranjeras que incurran en infracciones leves.

    Silvia Ramírez señala que gran parte de la regulación recae en la Capitanía de Puerto, ya que es la autoridad que determina el acceso y la permanencia de embarcaciones en la Bahía de La Paz.

    La falta de facultades y responsabilidades definidas complica la prevención y atención de especies invasoras, como sucedió con el tunicado. Según Betzabé se pudo haber evitado su propagación a través de limpiezas internas y raspados, principalmente en las embarcaciones menores como los veleros.

    En La Paz, Lozano insistió en que es necesario mejorar la cultura marítima nacional y que los propietarios de las embarcaciones se hagan responsables de cumplir con la legislación y para esto se requiere más programas de concientización.

    Tunicado en control, pero el riesgo continúa

    La tormenta tropical Lidia en 2017 y otros fenómenos naturales han funcionado como un control natural y han ayudado a contrarrestar la invasión de tunicado en la ensenada, de acuerdo con Silvia Ramírez. Sin embargo, señala que la población de callo quedó muy afectada a raíz de la mortalidad por tunicado y desde 2019 se han extraído menos de 100 mil callos.

    “Afortunadamente, para el callo y para los pescadores mató una buena cantidad de tunicado y a partir de ahí sí se redujo la presencia del tunicado. Casi todos los años a partir de 2019 para acá nos han dicho que ya se ha controlado mucho, ya no hay mucha presencia, pero este año nos informaron apenas que sí han observado áreas otra vez con mucha abundancia de tunicado”, señaló.

    Por lo que es importante que las empresas que manejan las marinas vigilen que en sus espacios no se favorezcan las condiciones para que crezca y se disperse el tunicado, refirió.

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    Una de las marinas que hay en la ensenada de La Paz, Baja California Sur. Fuente: Daniela Reyes

    Méndez destacó que en el caso de que esto vuelva a suceder, una de las ventajas es que los pescadores ya saben como atacar la invasión, a diferencia de hace seis años y ahora, con su tesis, se encontró que el tunicado tiene potencial antibacterial, por lo que pudiera ser aprovechado en el futuro.

    Sin embargo, las expertas temen que así como llegó y como dejó de ser una amenaza, el tunicado pueda nuevamente regresar e impactar el ecosistema y las pesquerías, sobre todo, cuando el panorama indica que el tránsito marítimo y el dragado continuarán y que las temperaturas se están incrementando como efecto del cambio climático; dos factores que trajeron al tunicado a la ensenada de La Paz en primer lugar.

    Este artículo se publicó originalmente en Causa Natura Media.


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