Por: Hugo Méndez Fierros
Este es el segundo año de celebración del #Díadelasmadres
en medio de la pandemia por Covid-19. En muchos hogares aún no sanan las
heridas abiertas por la partida de madres y abuelas. En otros, el
agradecimiento por tenerlas vivas es manifiesto. El amor a la madre es
consustancial a la especie humana. Es una celebración que se realiza a nivel
global, pero, con mediaciones culturales locales que la convierten en una
fiesta muy específica.
La comunicación y la cultura como procesos sociales
tienen un fuerte componente de acción ritual, drama y performance. El Día de
las madres puede ser enfocado desde esta mirada sociocultural. Ahí están en el
imaginario social mexicano las serenatas, Sara García o Marga López. Denisse de
Kalafe. Los festivales escolares, con poesías corales y bailables. Las visitas
al panteón con música norteña. Las comidas familiares. La explotación comercial
y comunicacional fundidas en la columna vertebral del neoliberalismo, en torno
al festejo de las madres.
Se festeja en el mes mayo en la mayoría de los países,
aunque en diferentes días. En EE.UU. es el segundo domingo de mayo, igual en
China. En Haití es el último domingo de mayo. En México es celebrado el 10 de
mayo. Susana Vargas
Cervantes, señala que “el periódico Excélsior lanzó una convocatoria
el 13 de abril de 1922… con el objetivo de instituir un día para celebrar a las
madres mexicanas. Esta iniciativa buscó contrarrestar las demandas sobre
maternidad de mujeres feministas. Antes de la convocatoria del Excélsior, ya
se había anunciado un congreso feminista en Yucatán: ´Se convoca a todas las
mujeres honradas de Yucatán y foráneas, que posean cuando menos conocimientos
de educación primaria, al Primer Congreso Feminista de Yucatán´…”.
El Día de las madres en México tiene una fuerza social
innegable, por la centralidad de la figura materna en nuestras culturas. Con
diversidad de sentidos se ha construido un perfomance cultural en torno a la
celebración. En la frontera californiana entre México-EE.UU. se observan
procesos sociales particulares que funcionan como bisgara entre los códigos
propuestos por la Iglesia católica, el sistema educativo mexicano, los medios
de comunicación, el marketing, las redes sociodigitales y los patrones de
consumo en ambos lados del muro.
En medio de una pandemia, con la frontera cerrada a
actividades no esenciales, con la operación económica de bares, restaurantes y
centros comerciales a un 50%, con los panteones públicos cerrados, el Día de
las madres del 2021como el del 2020, ha tenido prácticas de celebración más
intensas en el entorno on line, que se han traducido en nuevos performances
culturales.
Los hashtags en facebook, instagram y twitter #themothersday
y #diadelasmadres2021
funcionan como categorías de un extenso catálogo de materiales visuales y textuales.
Conectan con microcosmos de compra y venta de artículos en todo el mundo. En
mis redes sociodigitales, por ejemplo, es común el reemplazo temporal de la
fotografía de perfil con una de la madre, la mayor parte de amigos y usuarios
publican algún texto relativo a su progenitora. Se muestran los rituales de
celebración como autoafirmación identitaria y de clase. Son prácticas de
comunicación performativas. Proyectivas.
Finalmente, el Día de la madre en el contexto de
identidades sociales emergentes es motivo de posicionamientos en torno a nuevos
significados sobre la maternidad, el machismo y las libertades. También, colectivos
como las madres de desaparecidos aprovechan algunas posibilidades de exposición
mediática, que regularmente les son negadas.
[No. 33/2021]. El autor de esta publicación es
profesor-investigador en la Facultad de Ciencias Humanas, UABC.


