Voz 1:
“…quien no sepa de niños, nada sabe de
revueltas…”
Voz 2:
“La rabia quema todo en la pira de la
historia sin el permiso de los amos”
Voz 3:
«¡La revuelta es una fiesta! La he
visto y la he sentido, la he hecho y la he compartido, la he soñado y la he
vivido; que no se lea esto como un apantalle: ¡pongámonos fiesterxs!…«
A comienzos del siglo 21 los oráculos
imperiales, conocidos como think-tanks de seguridad, sentenciaron que los próximos
cien años serían los años del terrorismo. Como no había forma de evitarlo,
dijeron, era necesario engordar los presupuestos militares en todo el mundo
para alimentar el apetito de sacrificios (ahora potenciado) del complejo
industrial-militar de Occidente.
Luego
entonces, como para justificar la producción de armamento se necesita un
enemigo decidieron que cualquier movimiento u organización fuera de las normas
estatales, militares, paraestatales y/ó paramilitares, sería un excelente
candidato a terrorista. Que revuelta, ¡zaz!, terrorismo; que resistencia,
¡zaz!, terrorismo; rebeldía, ¡zaz!, terrorismo; sabotaje, ¡zaz!, terrorismo…
Así comenzaron otra guerra de la que hemos tenido que ser contemporánexs.
Caída
la Unión Soviética, la Historia fue declarada muerta por la inteligencia
gringa, la cual se enquistaba cada vez más en las universidades con más
prestigio internacional (donde estudiaron varios ex-presidentes), y pensar un
camino diferente al del mercado global se fue haciendo tan difícil que en una
sola generación ya no se podía imaginar un mundo diferente al que entraba por
la televisión y el cine de hollywood. En un mundo así, desgarrado, ¿cómo dara
sentido y organizar el descontento popular? ¿Sobre qué ejes construir
comunidades? Y entre tanto compañero convertido en funcionario, ¿qué fuerza,
movimiento, partido o grupo guardaba todavía algo de legitimidad?
Si
bien es cierto que la historia es un continuo constante, fue durante los
últimos años del siglo 20 y los primeros del siglo 21 que los proyectos
revolucionarios de gran escala se detuvieron o se desmoronaron globalmente.
Para mayor verguenza, no pocos líderes y figuras de aquellos proyectos hasta le
juraron lealtad al nuevo sistema, único y totalitario, del neoliberalismo. Sin
embargo, lo que las cúpulas del poder no imaginaron fue el cambio de
conformación y formas de lucha que adoptarían y desarrollarían las
organizaciones de base, las comunidades en defensa del territorio, los pueblos
originarios, los movimientos de identidades, el feminismo, entre otros.
Así
fue que de repente y sin aviso brotaron las revueltas… como flores en el
desierto.
[continuará…]
Jesús Galaz Duarte es sociólogo y filósofo
por Pitzer College y estudiante de Derecho en la UABC


