Esta columna la escribo con la tristeza de enterarme por las noticias de que en Baja California del sexto asesinato de mujer en Mexicali, Delia Isabel.
Me uno a la indignación, pero también a las acciones que podemos emprender para evitar conocer más de estos casos.
Es triste ver el panorama social en que vivimos no solo en aquella frontera sino en todo el País. Incluso aquí en Coahuila.
El tema de la violencia contra las Mujeres va en aumento en todo el País. Baja California no es exclusivo.
Pero tampoco es exclusiva la falta de sensibilidad de las autoridades, llámele usted gabinete de primer nivel o funcionarios de segundo nivel.
En Baja California son pocos quiénes luchan al interior de las instituciones por generar una cultura de sensibilizacion y prevención de la violencia entre pares y contra las mujeres.
Las historias que los periodistas han relatado en sus textos dejan perplejos, impotentes y tristes a cualquiera.
Entre historia e historia de violencia, reflejadas en notas periodísticas, las victimas sufren lujo de violencia. Abusan, porque no se pueden defender como el caso de la menor aventada al tulichek entre lozas y piedras, o la menor enterrada en el patio y del vecindario, las mujeres descuartizadas o encendidas con gasolina.
Existe lujo y abuso de poder contra la mujer, casi todo esto ocurre en medio de un contexto social de carencia, de drogas, de abandono, de jornadas laborales largas, de normalización de comportamientos que poco a poco que afectan nuestra convivencia diaria. Pero también se da en otros círculos.
Según la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas en los Hogares ( ENDIREH) 2017
de los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que residen en el país, se estima que 30.7 millones de ellas (66.1%) han padecido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación en los espacios escolar, laboral, comunitario, familiar o en su relación de pareja.
Y Baja California se encuentra dentro de los diez estados que rebasan la media nacional por violencia total y a lo largo de la vida.
Qué nos afecta? La reproducción de modelos culturales y sociales, las posturas radicales hombre vs mujeres, pensar que la prevención de la violencia es cosa de mujeres, las condiciones sociales y la darle importancia al tema.
Afecta también este desecuentro y brechas que se abren entre sociedad y gobierno. Por un lado una sociedad actuante que empatiza con el dolor ajeno que no quiere verlo reflejado en los suyos y la exigencia de claridad en un Sistema de Justicia que apenas se fortalece.
El papel y la responsabilidad ética de los medios de comunicación.
Y la sensibilidad y empatia que tengan las autoridades. En casi todos los casos dentro de las recomendaciones que realiza la Comisión Nacional para Prevenir la Violencia contra las Mujeres( Conavim) están relacionadas con la capacitación y sensibilización de funcionarios publicos y a la sociedad.
Con la implementación de protocolos de forma adecuada.
Con la adecuación del marco legislativo y el involucramiento de la sociedad en campaña de prevención.
Desgraciadamente poco se hace de lo antes mencionado. En primer lugar los titulares de las instituciones no saben el contenido de las capacitaciones, no entienden la magnitud de la problemática y mucho menos la reacción de una ciudadanía que quiere ayudar, pero sin guía.
Cada muerte, cada asesinato debe quedarnos claro que no fue porque se juntaba con tal o cual, o que vivía en aquella zona.
La violencia se queda cuando la normalizamos y la justificamos. El punto es que está y hay que combatirla.
La pregunta es cómo ? . Segura estoy que muchxs mexicalenses tienen una idea para acabar con la indolencia.
“Creo que hay mucho por hacer en esta que resulta una responsabilidad colectiva, compartida y que cada quién debe asumir la parte que le corresponde y no esperar a que sigan apareciendo más cuerpos, más mujeres, más madres de familia, hermanas, amigas, vecinas, conocidas, más mujeres”, Sergio Haro, La vida en Rosa.
Y entonces qué hacemos?


