Hace años era un orgullo para la mayoría de la población tener un acercamiento con la élite de poder o la hegemonía política.
Y ni hablar de los niños, maestros, padres de familia, empresarios o actores de la sociedad civil que por alguna razón eran reconocidos por el gobierno. Alistaban sus mejores tacuches, “boleaban” o daban grasa a sus zapatos e iban al encuentro para tener la foto de recuerdo en el álbum familiar, para luego ser enmarcada y colocada en la sala o estudio de la casa, o bien guardada en un viejo libro o cuaderno. Y eso era nivel Presidente de la República, Gobernador y Presidente Municipal.
Recuerdo hace algunos años, cuando estudiaba la primaria -insisto hace muchos, muchos años-, lo mismo participaba en un concurso de oratoria o de conocimientos interescolares y nos entusiasmaban con la idea de los premios y la posibilidad de conocer a las máximas autoridades. Hoy no sé si se dé esa motivación en las escuelas, yo creo no, ya que la motivación cambió de foco y rumbo.
En los últimos años, los gobernadores de las diferentes entidades han sido noticia al inicio de sus gestiones por la esperanza de cambio que generaron entre los ciudadanos, la cual se transforma al finalizar su mandato cuando salen a la luz pública temas que dañan la confianza de la ciudadanía: Enriquecimiento ilícito, defraudación de las finanzas públicas e incumplimiento de metas o proyectos.
Y no es un hecho exclusivo de un partido político, entidad o zona geográfica. Más bien las prácticas y métodos se han institucionalizado para dar paso a una forma de operar de los gobernantes.
¿Qué tienen en común Coahuila, Baja California, Sonora, Veracruz, Chihuahua y Puebla?
Al menos Baja California, Coahuila, Veracruz y Chihuahua ocupan altos de niveles de endeudamiento en sus finanzas públicas.
En el caso de los exgobernadores de Veracruz, Coahuila, Chihuahua y Sonora han sido denunciados públicamente ante las autoridades por el inadecuado manejo de recursos públicos; y cuando hablamos de cantidades no son uno, ni dos pesos, sino millones que la población paga con sus impuestos y simplemente desconocen a donde se fueron.
Dichos escándalos tienen varias versiones: enriquecimiento ilícito por construcción de presas, inversión en bancos, desvío de recursos para campañas políticas, empresas fantasma, etcétera.
Los delitos que les imputan a los exmanddatarios están relacionados con enriquecimiento ilícito, ejercicio abusivo de funciones, uso indebido de atribuciones y facultades.
En Baja California, periodistas independientes a través de sus investigaciones denunciado el supuesto enriquecimiento ilícito del ahora gobernador, Francisco Vega de la Madrid, quien de forma burda intenta zafarse de los cuestionamientos y la inacción e indiferencia de la propia sociedad bajacaliforniana.
Hace unos días precisamente conversaba con un “ciudadano angustiado” por la situación del país. Mi interlocutor tachaba a todos los gobiernos y servidores públicos como iguales: Mismos errores, mismas faltas, misma mentalidad.
En una larga pláticas, aderezada con argumentos y palabras arrebatadas, le decía: “Ni todos los servidores son deshonestos, ni todas las personas que hacen política son corruptos”.
Y aunque respondía con una sonrisa de incredulidad, prefiero saber y creer que hay personas que están actuando para algún día nos sintamos orgullosos de ir a tenderles la mano o no hacer caras mientras estamos a su lado.


