“El poder nunca concede sin una demanda… nunca lo ha hecho y nunca lo hará”, Frederick Douglas.
Vuelvo a redactar esta columna, con decenas de temas que revolotean en mi cabeza; sociales, de comunidad, política, desarrollo económico, experiencias de viaje, pero uno que me salta entre todos es el tema de la sociedad civil y sus alcances como contrapeso y complemento de los gobiernos municipales, estatales y federales.
La redacto mientras leo un llamado a la reconciliación del Presidente, Andrés Manuel López Obrador y al respeto a la oposición. Bien por el llamado, mal porque se ha encargado en los hechos de echarle más leña a al fuego.
Como ha sido el caso al abrir el flanco contra la sociedad civil.
Retomo la definición que hizo mi amigo Juan Esteban Gutiérrez, quién tiene una amplia experiencia en tema. Sociedad civil es aquella agrupación de personas que tiene la misión de ponerle límites al estado, al mercado y a la misma sociedad para proteger y generar los espacios de libertad, seguridad y sus derechos mismos para construir día a día la democracia.
Y como sabemos hay de todo en la viña del señor. Buenas, regulares, excelentes y peores. Todas con un fin específico, y si usted quiere sazonarle con una tendencia ideológica pero también con un compromiso de trabajo claro.
Hay muchos ejemplos las organizaciones, instituciones y ciudadanos que lograron Ley de Acceso a la Información y Transparencia Gubernamental, el movimiento 3 de 3 para que funcionarios públicos y candidatos tuvieran la obligación de declarar sus intereses; personales, fiscales y políticos, el Movimiento Yo Soy 132, el Sistema Nacional Anticorrupción, las candidaturas independientes, una Fiscalía Independiente (Fiscal Carnal), la Casa Blanca y la Estafa Maestra entre otros. Y para irnos más profundo, sociedad civil que de alguna manera fortaleció la alternancia y al gobierno del Presidente López Obrador.
La sociedad civil ha metido el hombro en temas determinantes y más aún ha sido clave en el equilibrio en la toma de decisiones autoritarias de los gobiernos.
Lamento mucho que el Presidente de México sin análisis profundo trate de denostar y hacer un lado el trabajo de la sociedad civil; profesional, comprometida y que da resultados. Hablo por ellas.
Como se puede llamar al diálogo si desacredita a una sociedad civil organizada en apoyo a temas especializados como: género, medio ambiente, seguridad ciudadana, migración, fortalecimiento municipal, salud reproductiva, prevención de embarazos en adolescentes, entre otros.
Y discúlpenme quiénes crean que el Gobierno todo lo podrá hacer solos. En México somos un equipo que busca crecer.
Históricamente los gobiernos del País se han fortalecido con el trabajo de la sociedad civil especializada en temas determinantes para dar cobertura a necesidades de la ciudadanía. No en balde tenemos una Ley que regula la sociedad civil, que están incluidas en planes y programas de gobierno donde son parte fundamental de las estrategias y políticas públicas y no solo con una simple validación social.
Y como lo comentaba con una amiga, primero deben evaluar y tener una estrategia precisa después de los hallazgos que tuvo, no puede cortar cabezas, tomar decisiones aceleradas y tampoco contar con un plan B mientras, el País está en vilo en temas sociales específicamente con las mujeres violentadas en sus hogares o comunidades.
Más si México han transitado y avanzando en la agenda para sensibilizar, fortalecer y aplicar estrategias y políticas públicas para la reducción de la violencia contra las mujeres y sus derechos políticos y ciudadanos.
Es curioso como tenemos este amplio discurso de empoderar a la ciudadanía, a las organizaciones, a la sociedad civil o colectivos en ciertos temas. En el caso de los refugios y la determinación de recortar recursos a las organizaciones y destinarlos directamente a las víctimas, la decisión carece de responsabilidad, empatía y conocimiento de la situación que atraviesa México en el tema de la violencia contra las mujeres.
De acuerdo con Fondos a la Vista 2017, en México existen 41664 organizaciones de la Sociedad Civil, 38% de ellas están inactivas y solo 38 mil 297 cuenta con Clave Única (CLUNI), 9328 son donatarias autorizadas
¿Y cómo contribuye la sociedad civil en México?
De varias formas, de alguna manera a la formulación, financiamiento y prestación de los servicios públicos, se índice en la construcción de políticas públicas, en la inclusión y la representación de sectores menos favorecidos, representan las voces amplios sectores y causas. Parte fundamental han sido en el tema de los derechos humanos y el estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas de todos los órdenes de gobierno.
Debemos tener claro que el nuevo escenario político, social y económico no puede ser entendido sin la sociedad civil.
Me quedo con las palabras de un Juan Esteban Gutiérrez Manzano quién en el mes de octubre nos impartió un curso sobre la importancia de la una sociedad civil activa a varios ciudadanos comprometidos con el tema: “México no necesita héroes o redentores en Los Pinos o en los Palacio de Gobierno. S no instituciones que funciones, leyes que se apliquen, contrapesos que sí lo sean, ciudadanos que reconozcan sus derechos y luchen por su protección”.


