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domingo, 17 mayo 2026
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    De la revolución a la revuelta… y el tiempo Parte III

    El ejercicio del gusto y del placer es esencial para la subjetividad barroca, pues en él reside la pasión por la utopía.

    –¿?

    Alguna vez leí que en las guerras cada acción solo puede tener valor en función de la GUERRA misma. Por ejemplo, si yo estuviera en medio de una batalla seguramente me importaría más conseguir un arma que ver netflix, seguiría más a la política que al fútbol, gastaría más en víveres que en vacaciones y no me perdería una puesta de sol con amigxs por estar viendo memes en facebook. El arma para defenderme, la política para enterarme, los víveres para comer y guardar dinero y los atardeceres con amigxs porque en realidad facebook y los memes ME LA SUDAN.

    Pero pasemos al texto. 

    La forma en que las sociedades llamadas «modernas» percibimos al Tiempo —esa aproximación sobre lo cambiante— sostiene que, entre otros supuestos, los días tienen nombre, el progreso existe y el presente ha sido forjado por UN PASADO INEVITABLE debido a una ley universal de causa-efecto. A esta forma de sentir el Tiempo se le llama «tiempo histórico».

    Así planteado, hay que decir que el TIEMPO HISTÓRICO siempre ha sido producto e imposición de las clases dominantes sobre las clases dominadas, independientemente de la ley universal de causa-efecto. O, más bien, lo que ha sido producto e imposición es una manera ÚNICA de interpretar las causas y los efectos. Esto resulta muy conveniente para las clases dominantes ya que, si aceptamos que lo que sucedió en el pasado, en efecto, explica lo que sucede en el presente, se entiende que lo que existe ahora mismo se legitima tal como lo hemos encontrado —o se nos ha dado— y no de otra forma.

    Así se normalizan las relaciones de poder 

    Para Jesi Furio, filosofo italiano, «el tiempo normal [histórico] es no sólo un concepto burgués, sino el fruto de una MANIPULACIÓN burguesa del tiempo.» Obviamente, esta sumisión de las clases no burguesas (las que no son dueñas ni de la tierra, ni de las herramientas, ni de los camiones ni barcos ni tractores, ni de los dineros) no se da a cambio de nada —al final es a la POTENCIA de esas clases a lo que la sociedad burguesa más teme.

    Lo que las clases dominantes hacen es prometer a quien acepte esta forma de ver al mundo, una ESTABILIDAD, un ORDEN, algo de buen rollo (OCIO) y un ambiente ideal para cumplir su «sueño americano». Sin embargo, irónicamente, este sistema que se debe a la Historia porque la Historia (como pasado) lo explica todo racionalmente —e inconscientemente lo justifica—, para hacer valer la promesa de orden, tiene que ELIMINAR de la realidad social al conflicto y para hacer eso necesita INVISIBILIZAR las estructuras de poder.

    Luego entonces, si en una sociedad no hay conflicto que genere desigualdades ni una estructura de poder que las sostenga, no hay NECESIDAD —y si la hubiera ni siquiera habría POSIBILIDAD— de generar procesos de cambio que signifiquen algo para todxs. En otras palabras, cuando un sistema social crea una situación en la que es imposible imaginar formas de vida diferentes desde el propio sistema —como en el que vivímos—, lo que efectivamente hace es quitarse a sí mismo la capacidad de hacer Historia.

    Una de las paradojas de nuestra modernidad.

    CONCLUSIÓN:

    Solo un evento que amenace realmente o imposibilite las promesas de las clases dominantes supondría un fuerte golpe a la interpretación única del tiempo histórico —condición mental NECESARIA para mantener a las clases dominantes en el poder—, abriendo así la POTENCIALIDAD de un cambio social no solo en apariencia, sino de lo concreto.

    Entonces, ¿Cuál es nuestro reto?

    IMAGINAR.

    ¿Imaginar qué cosa?

    En primer lugar, diferentes formas para VIVIR.

    El autor es sociólogo y filósofo por Pitzer College y tiene estudios truncos de maestría en ciencias sociales. Vivió año y medio en Estambul (Constantinopla) como profesor de idiomas pero apenas aprendió turco. Es de Mexicali, sí.

     

     

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