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    Divide y vencerás: MP de BC pretende vincular a proceso a defensorxs del agua en Mexicali Parte III

    El 30 de septiembre de 2017, la 22
    legislatura (de mayoría panista) suspendió por tercera vez la intentona de aprobar el dictamen 95, una corrección al decreto 57 que le permitiría al entonces
    gobernador de Baja California, Francisco «Kiko» Vega, asegurar más de
    66 mil millones de pesos hasta el año 2056 (fe de errata: en la Parte 1 de esta
    serie se dijo que eran cerca de 40 mil millones de pesos… error nuestro, era
    más)—endeudándonos hasta la muerte, literalmente, si le sumamos los intereses—
    para cubrir (nada más) un proyecto de asociación público-privada (APP), la
    desaladora de Rosarito.

    La razón de esta suspención o aplazamiento
    legislativo fue obligada por la presión popular de gente de todo el estado que
    fue a Mexicali a protestar contra estos endeudamientos, la cual logró entrar al
    congreso abriéndose paso a fuerza y empujones. El hecho que a continuación se
    describe puede servir como metáfora de la tan distante relación entre la clase
    política y gente trabajadora y popular, quienes con gran indignación esperan a
    que por lo menos cumplan los servidores públicos con su trabajo. El hecho: los
    diputados salieron de la sala y pleno, Benito Juárez, sin cerrar la cesión de
    ese día, lo cual pudo significar que volverían para aprovar las APP. Luego,
    como la gente tampoco se iba, algunos activistas se empezaron a acomodar en las
    butacas de la sala, preparándose para descansar, mientras que a los diputados y
    diputados no se les vio más en el edificio, al menos en las plantas bajas.

    Esa madrugada desde el congreso, el canal
    de Mexicali Resiste grabó un comunicado redactado por gente de todos los
    municipios. Además, para impulsar el mensaje se acuerda que sean León Fierro,
    Diana Aranguré y otro activista quienes den lectura y describan, a grandes
    rasgos, los hechos recién ocurridos, los que ocurrían en ese momento y hacen
    una pequeña explicación de las APPs y las razones generales para impedir una
    deuda que la va a pagar varias generaciones.

    Gracias a esta especie de pelea civil y
    voluntad popular contra la votación del dictamen 95, el entonces presidente del
    congreso, Benjamín Gómez, del PRI, optó por mejor cortar con cualquier
    malentendido y ya no se atrevió a poner en la orden del día el tema de las APP
    por el resto de su labor como presidente del congreso.

    Antes de continuar, empero, es necesario
    aclarar algunos puntos sobre la posición del diputado presidente: (a) como jefe
    de la JUCOPO, el diputado-presidente del congreso es, para todos efectos
    prácticos, la voz con más pesos en relación a puntos en las órdenes del día;
    (b) el puesto es rotativo y cada tres meses, aunque no hay lista de parrtipación;
    (c) Nadie debería de ser diputado ser diputado presidente más que por una vez
    en una legislatura; (d) el congreso es más responsabilidad tuya que de
    cualquier otro legislador (hasta que el tiempo obliga a dejar la tiranía).

    Luego entonces… cuando se le estaba
    acabando el tiempo a finales de noviembre a Benjamín Gómez como presidente,
    comenzó a circular en prensa que a el 1 de diciembre, a quien le tocaba estar
    en esa posición ahora era, justamente, a la diputada Eva María Vázquez. Había
    sido secretaria durante la presidencia de Benjamín Gómez y, como tal, había
    acompañado al priísta el 30 de septiembre a denunciar a los activistas ya
    mencionados. Sin embargo, como escribió un articulista durante aquellos días
    (lo abrevio): precisamente por haber visto de cerca la forma en que Benjamín
    Gómez no pudo justificar nada frente a la ciudadanía ni pudo contenerlas,
    Vázquez «no quiso enfrentar a la oposición popular» y dijo que mejor
    no le entraba ella a la presidencia.

    La tensión había alcanzado niveles muy
    altos, tanto para la ciudadanía como para los diputados, pues la garantía de
    pago que representaba la aprovación del dictamen 95 tenía que llevarse a cabo
    antes de finalizar el año. Esto obligaría, sí o sí, a que el nuevo o la nueva
    presidente del congreso tenía que llevar la propuesta al pleno, sesionarla y
    hacer que pasara antes de una fecha en diciembre de ese año. Obviamente, la
    mayor fuente de presión para el poder legislativo eran los dos principales
    representantes del poder ejecutivo, Francisco «Kiko» Vega y Francisco
    Rueda.

    Cuando Eva María Vázquez rechazó la
    presidencia del congreso, el grupo central le ofreció la presidencia a otro
    legislador panista, Carlos Torres Torres (nota: en 2018 Carlos Torres Torres se
    saldría del PAN, se casaría con la entonces presidenta municipal de Mexicali,
    Marina del Pilar, y eventualmente se incorporariá al partido Morena), pero dijo
    lo mismo de Vázquez. No se iba a meter en eso.

    El único que levantó la mano fue otro
    panista, Raúl Castañeda Pomposo –quien, curiosamente, tiene un hermano de
    sangre miembro de Morena, en Tijuana. El único problema con esta autopromoción
    para la presidencia era que ya había sido, Castañeda Pomposo, diputado
    presidente. Sin embargo nadie le negó el puesto ni lo debatió siquiera: ya se
    sabía entonces quién sería él que se adjudicaría el costo político de la
    necesidad de reprimir a los manifestantes cuando llegue la hora de sesionar el dictamen completo.

    El último día del mes (si no me equivoco)
    es cuando se nombra un nuevo presidente de la Jucopo durante la noche. En dicha
    sesión Castañeda Pomposo aceptó el nombramiento y anunció que la primera sesión
    sería una ordinaria para el 7 de diciembre a las 11:00am, sin hacer mención del
    dictamen ni la deuda. Terminado el acto los diputados volvieron a sus distritos
    y el congreso se vació de gente. Nadie esperaba lo que estaba a punto de
    ocurrir.

    Durante la madrugada, Castañeda Pomposo
    decide anunciar una sesión extraordinaria para decidir sobre nada más un punto
    de la agenda. Y la convoca para esa misma mañana, la del 1 de diciembre de
    2017, a las 08:45 horas. Y así sucede.

    Las noticias les llegaron a los movimientos
    de resistencia cuando compañeros que resguardaban el congreso comenzaron a
    grabar y a decir que estaban llegando otra vez lxs diputadxs al edificio.

    Votaron 12 diputados del PAN y una diputada
    del PRD, justo el número de votos que necesitaba el gobernador Vega y sus
    socios para endeudarnos a todxs. A la sesión no asistió nadie de ningún otro
    partido, solo la bancada del PAN y una del PRD. El resto de los diputados
    argumentaron no haber sido avisados con tiempo y algunos hasta hicieron ruedas
    de prensa para decir que aquello era un insulto a la ciudadanía, que no se
    podía quedar así y que iban a llevar este abuso de poder hasta donde tenga que
    topar.

    Algunas razones jurídicas para anular la
    legalidad de aquella sesión, dijeron los expertos, eran: (1) La ilegitimidad de
    la mesa directiva, ya que no hubo Junta de Coordinación Política previa a la
    votación en el pleno; (2) La emisión de la convocatoria para celebrar la
    sesión, ya que a algunos legisladores se les convocó con menos de cinco minutos
    y al resto entre 20 y 25 minutos previo a la votación; (3) La convocatoria para
    la sesión extraordinaria del primero de diciembre no enlistaba ningún punto en
    el orden del día; y (4) La ley de Disciplina Financiera señala que los temas
    relacionados al endeudamiento de las entidades debe aprobarse con las dos
    terceras partes del Congreso, a diferencia de la Constitución local que permite
    que sean las dos terceras partes de los presentes.

    Pero nada de eso pasó, nada más lo que
    faltaba.

    Al día siguiente, dos de diciembre,
    «el presidente de la junta directiva del Distrito de Agua de Otay (DAO) de
    San Diego en California, Mark Robak, celebró la aprobación del dictamen 95 en
    el Congreso de Baja California, aseverando que se aseguró el financiamiento
    para la construcción de la desalinizadora de Rosarito. [Y] recordó que, con la
    aprobación del dictamen por parte del Congreso del estado, se aseguraron las
    garantías financieras necesarias para impulsar los proyectos de las desaladoras
    de Rosarito y San Quintín, bajo el esquema de Asociación Público Privada.»

    Quizá, si no está familiarizado con el
    tema, se preguntará qué tiene que ver el Distrito de Agua de Otay con el
    dictamen 95… pero ese no es el punto, y nada más queremos destacar algunas
    cosas.

    Durante la administración de Francisco
    «Kiko» Vega, una vez que el proyecto de la desaladora empezó a
    desarrollarse, la CEA dejó de publicar sus informes mensuales de los volúmenes
    bombeados de agua. Además,
      los números
    que fue presentando el grupo de funcionarios cercanos a Francisco Vega que más
    empujó por la aprobación del dictamen 95 y todos los proyectos APP —Manuel
    Guevara, secretario de Infraestructura y Desarrollo Urbano del Estado;
    Bladimiro Hernández, de Contraloría; Germán Lizola, de la Comisión Estatal del
    Agua y Carlo Bonfante, secretario de Desarrollo Económico—, fueron
    encontrados falsos.

    No obstante lo anterior, ninguno de los
    recién mencionado funcionarios ha sido llamado a declarar por ninguna de las
    denuncias en su contra relacionadas a la desaladora de Rosarito ni por ningún
    otro acto de corrupción o mal manejo de recursos públicos o abuso de autoridad
    o lo que fuere (me consta que hubo demandas a todos esos nombre durante esos
    años).

    Por otro lado –y esta es la razón para
    contar esta historia–, nueve compañeros y compañeras siguen siendo perseguidos
    por la demanda que los entonces diputados, Benjamín Gómez y Eva María Vázquez,
    les hicieron. Todo esto a pesar de que en 2019 un juez había resuelto la no
    procedencia de los cargos contra ellos.

    Lxs compañerxs, incluídxs León Fierro,
    Diana Arangurén y Tania Gallaga, son acusados de «despojo» y
    «privación ilegal de la liberatad»; delitos graves y que, si se les
    llega solamente a vincular a un proceso de juicio, los pueden obligar a
    llevarlo desde la cárcel, como prisión preventiva. Aún así, ha sido la actual
    23 legislatura, con mayoría del partido Morena, quien ha solicitado y quien ha
    insistido en que se le otorge una revisión a la denuncia, actualmente
    catalogada como «no procedencia del delito».

    ¿Por qué?, seguimos y seguiremos
    preguntándo. ¿Es el mero capricho de alguien? ¿O es para meterle miedo a la
    población que pudiera, en una crisis de algún tipo, salir a manifestarse? ¿O
    será que el poder de siempre (nuevo o viejo) no quiere a nadie incómodo en su
    camino?… Porque si consideramos la falta de los jueces a la audiencia el
    pasado jueves 8 de julio (re-agendada para el 10 de agosto), lo que están
    haciendo ahora es lo que no hicieron en 2017: limpiar el camino para que no
    haya ruido ni broncas con las mayorías. Entonces parece que la lucha por la
    defensa del agua y el territorio en Mexicali y Baja California está volviendo a
    empezar.

    Claro, porque la lucha es contínua.

    Autor Txus

    El autor es sociólogo y filósofo por Pitzer
    College

    Twitter: @el_tux

    PARTE II

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