Por: Hugo Méndez Fierros
Durante el 2020 y lo que va del 2021 se incrementaron las
consultas psicológicas a distancia, individuales y colectivas, en nuestra
región. También, la prescripción de medicamentos para tratar la ansiedad y
depresión, por parte de psiquiatras. La escasez de estos medicamentos fue un
tema de la agenda pública. El miedo socialmente compartido ha sido uno de los
efectos de la pandemia. Hoy se le une el miedo colectivo ante la inseguridad
pública vivida en Baja California.
El miedo es una emoción sensorial bioquímica experimentada
en lo individual y además, construcción simbólica en el orden sociocultural.
Puede ser respuesta positiva ante la percepción de peligro, paralización
individual o anomia social.
La pandemia echó luz y amplificó ante nuestra mirada una
serie de problemas sociales complejos que no son nuevos, pero, que parecían
estar invisibilizados. Soterrados. El miedo nos ayudó a redescubrirlos y
observarlos en otra dimensión. Hoy se vive, se narra e interpreta diariamente
en la agenda mediática y en las redes sociodigitales, una ola de violencia que
acentúa la cultura del miedo.
La cultura del miedo la comprendo, siguiendo a Rossana
Reguillo, como
una construcción social de riesgo, amenaza, peligro que genera unos modos de
respuesta estandarizada, reactualizando ambos, nociones y modos de respuesta,
según los diferentes periodos históricos. En los territorios de la cultura, las
nociones y los modos de respuesta, adquieren un carácter específico por la
mediación de la cultura. La cultura ayuda al establecimiento de diferencias en
la percepción y respuestas ante el miedo. Cada colectivo reacciona de un modo
distinto.
¿Cómo hemos reaccionado los habitantes de esta frontera
ante los miedos generados por la pandemia? Aunado a lo anterior y en el mismo
espacio de tiempo, ¿Cómo reaccionamos ante la difusión de hechos derivados de narcoviolencia
y de delitos del fuero común en Mexicali, su Valle; San Felipe; Tecate; Tijuana
y Ensenada, que se han disparado en los últimos meses? ¿Qué secuelas dejará en
las actuales generaciones? ¿Qué representaciones construirán colectivos de
otras zonas, en torno a esta frontera, derivadas de la comunicación de los
hechos de violencia delincuencial?
Martha C. Nussbaum
en La monarquía del miedo, señala que “las emociones lo invaden todo y se
convierten así, en sí mismas, en un problema que cierra el paso al trabajo
constructivo, a la esperanza, a la posibilidad de que nos escuhemos los unos a
los otros, y a la cooperación”.
Ceder ante el miedo, refiere la misma autora, es muy
peligroso. Debemos reflexionar a fondo, desde posturas críticas, sobre el miedo
y adónde nos está llevando. Se debe fomentar el pensamiento y la investigación del
miedo en nuestra sociedad fronteriza, que aún no sale de la pandemia y ahora
está metida en un clima de inseguridad creciente.
La instalación de arcos para revisiones al entrar a Baja
California, colocar 10,000 cámaras y poner en funcionamiento botones de pánico
en zonas de riesgo, es una propuesta hecha recientemente por una de las
aspirantes a la gubernatura. Significa mayor control social. De lo que no estoy
seguro, es si llegará a generar una percepción social de mayor seguridad
pública y más allá, si contribuiría a frenar la delincuencia.
[No. 30/2021]. El autor de esta publicación es
profesor-investigador en la Facultad de Ciencias Humanas, UABC.


