El nuevo mural sobre la fachada del
IIC-Museo, «Las rebeliones de enero», fue presentado oficialmente por
autoridades de la UABC el jueves pasado.* En los apróximadamente 450 metros
cuadrados que forman el muro se incluyen seis episodios históricos de Mexicali,
representando a su vez seis luchas populares distintas –sin que los temas se
excluyan mutuamente–: (1) La intervención magonista; (2) el Asalto a las
tierras; (3) las movilizaciones contra la salinidad del Valle de Mexicali; (4)
la huelga universitaria y la ocupación de terrenos por la vivienda; (5) la
defensa del agua (2017-Presente); y (6) la lucha feminista por la equidad de
género.
El trabajo fue coordinado y ejecutado por
Mauricio Villa, a quien Elena Katzenstein, Nathalia Carrillo, Carlos Garzón,
Iván Martínez y quien escribe apoyamos en lo que pudimos, desde el más simple
acompañamiento pasando por conseguir materiales no disponibles ni
posibilitados, poner para el transporte y el alimento, servir de seguridad, ser
mano de obra, fondear paredes, pintar detalles, etc.
Toda la superficie del mural es en escala de
grises, salvo el título, al principio de la obra, y una frasesita medio
escondida hasta el final que dice: «la lucha es contínua…»
Este es el texto revisado que se leyó en la
presentación del mural el jueves 7 de octubre de 2021:
I.
Las ideas que se convirtieron en el trabajo
que se convirtió en el mural de nombre «Las rebeliones de enero» son
fundamentalmente crítica social. Pero que no se malinterprete: no son solamente
crítica social, porque también son todo lo que se ha dicho aquí y en otros lados
y todo lo que se seguirá diciendo en otros lados y aquí. Decimos que las ideas
son fundamentalmente porque fueron concebidas en un lugar habitado por
espíritus combativos y armado de espíritus asamblearios –espíritus, vale
recordarlo, que no han dejado de moverse de manera intensa desde hace casi
cinco años.
Hacía
tiempo que unas imágenes pintadas sobre una pared no nos obligaban, como el
viento y las mareas obligan a las olas, a preguntarnos «y eso que sé qué
es, ¿qué quiere decir y qué me está diciendo?»… y luego todavía tener
que cuestionar, inmediatamente, nuestra propia respuesta-interpretación.
«Las
rebeliones de enero» son entonces crítica que no puede evitar chocar con
posiciones políticas cómodas y acomodadas que representan un sentido común
desde nuestro espejo o antípoda; son crítica a la falta de significado que hay
por todos lados en la estética de una ciudad que se supone es democrática, desde
la publicidad en revistas hasta los espectaculares y definitivamente
desbordando indiferencia en los trabajos comisionados a profesionales por
cualquier nivel de gobierno; son crítica a la falta de memoria colectiva y a la
negación de una memoria desde abajo; al vacío de vida de lo que se vende y se
compra como arte en la ciudad y el estado; a todos los espacios públicos que
han sido apropiados por intereses privados; y, especialmente, son crítica a
quienes niegan o restan importancia al protagonismo de lo popular en nuestros
propios procesos de liberación de los cuales no podemos más que ser herederxs de
sus grandes y pequeñas victorias y derrotas, aciertos y fallos; y con cuyxs
participantes y protagonistas estaremos siempre en deuda porque con la dignidad
no hay vuelta de hoja.
II.
Muchas veces se nos ha dicho y repetido que
la política y la cultura no se mezclan ni deben mezclarse; que polemizar dentro
de esos dos ejes no solo es de mal gusto sino que también es de mala educación
y hasta grosero. Que cada quien tenga sus razones para huir de los malos
consejos que disfrazan lxs peores amigxs cuando ofrecen recomendaciones sensatas:
una de nuestras razones para desobedecer esta etiqueta fue darnos cuenta que
quienes repetían tanto la imposibilidad universal de una síntesis entre cultura
y política eran lxs mismos que al final del día controlaban a ambas desde el
poder central. Y decidimos ya no creerles nada.
En
efecto, lo que descubrimos fue que no hay posición más falsa, cómoda y
cortesana que aquella que entiende a la relación entre los factores
artísticos-culturales y el desarrollo político-social del mundo humano, como
una similar a la de cuerpo-alma, materia-espíritu.
Lamentablemente,
a día de hoy seguimos siendo víctimas de las mutaciones del colonialismo
originario. Es decir, que el significado que vivía en la palabra cultura fue
desalojado por la policía del pensamiento y a su espacio mandaron a uno de los
hijos del poder para ocuparlo: el entretenimiento. Quien no quiera tomar esto
en serio o no quiera creernos no tiene por qué hacerlo: lo que aquí repetimos
no es un castillo de naipes ni una ocurrencia bajada de las nubes. Fueron los
científicos sociales más prestigiosos de la primera mitad del siglo 20 alemán, la
escuela de Frankfurt, quienes bautizaron como industria cultural a esta rueda
de la fortuna andando en medio de una feria en llamas.
III.
Borrar la historia es la forma más segura
para convertir a las personas en esclavas; en primer lugar de la ignorancia y,
en segundo, de un rey o de un dios falso que no se engendra ni sale del pecho
de nadie.
IV.
«Las rebeliones de enero» también
son un recuperar territorio (o una parte) o la re-territorialización de un
espacio que se había perdido entre un vertedero de novedades foráneas y un
vacío de significado comunitario, es decir histórico.
Sin
retirar la responsabilidad que siempre existirá de parte de quien ejecute
cualquier encargo creativo, quienes contratan y asignan proyectos
institucionales con dinero del erario son los servidores públicos, por lo que
son precisamente ellxs quiénes tienen la responsabilidad y la obligación principal
de pensar cada proyecto cultural para todos, para todas y para todoas.
V.
«Las rebeliones de enero» rechazan
la actitud de resignación política y fatalista ante la inminente posibilidad de
una vida precaria mediada por quiénes sólo tienen al dinero como intermediario para
controlar lo que es de todos y hacen la guerra para evitar que lo hagamos
propio: la Tierra, el agua, las herramientas, las energías… Especialmente
cuando quienes adoptan esta actitud sumisa ante el mal poder son lxs servidorxs
públicxs.
«Las
rebeliones de enero» rechazan la versión empresarial y corporativa de la
Historia, la cual solo reconoce una mejoría en nuestras condiciones de vida gracias
al desarrollo de las economías de mercado y a la mal llamada democracia en que vivimos –porque le llaman democracia y no lo es–, y en su lugar busca caminos
que mejoren nuestra calidad de vida otorgándole más valor a las relaciones
sociales que a las relaciones económicas.
Y
«Las rebeliones de enero», básicamente, rechazan la privatización de
lo público. Primero desde lo concreto, recuperando una pared de casi medio
kilómetro cuadrado en el corazón de una de las comunidades más privatizadoras
de Mexicali; y, segundo, desde lo abstracto al reivindicar desde lo simbólico el
derecho a la memoria que tienen las comunidades y cada persona de saber su
historia rebelde y de rebeldía, que es también la nuestra y la de todos los
cuerpos que no piensan rendirse ni se van a rendir, hasta que la dignidad se
haga costumbre.
Equipo de trabajo para el mural «Las
rebeliones de enero»
A 9 de octubre de 2021, en Mexicali, Baja
California, México
(*) Como comentario al proceso de trabajo y
a las autoridades universitarias responsables, aún reconociendo que convocatorias
como la que hizo posible este mural hacen más democráticos a los espacios de
alto impacto dentro de la UABC, hay que decir que al proyecto en general, y especialmente a su autor, se le proporcionaron poco menos de las atenciones
necesarias para respirar. Si este comentario se considera una falta de
sensibilidad de quien escribe, en todo caso, bienvenido sea el debate.
El autor es sociólogo y filósofo por Pitzer
College y ha publicado cuentos, ensayos, reportajes y entrevistas en México,
España, Estados Unidos, Argentina y Chile. Actualmente estudia derecho en la
UABC.


