Tras cuatro días de intenso trabajo, finalmente el pasado sábado concluyeron los cómputos de la elección en los 17 distritos locales y los 9 federales de Baja California, los cuales confirmaron mucho de lo que ocurrió el pasado 2 de junio, por ejemplo, el arrollador triunfo de Morena y la baja participación registrada en nuestra Entidad, misma que debo atribuir única y exclusivamente a los partidos políticos.
Y es que hasta el martes todo era felicidad en Baja California; candidatas, candidatos, partidos políticos y autoridades electorales presumían un 48% de participación ciudadana, 10% más que la registrada en la elección del 2021.
El problema comenzó el miércoles, una vez que iniciaron los cómputos distritales a nivel nacional, ya que nuevamente evidenciaron a Baja California como la entidad con la peor participación ciudadana.
Es verdad que el Estado alcanzó un 48% de participación, el problema es que la media nacional fue del 61% y que entidades como Yucatán, Tlaxcala y la Ciudad de México superaron el 70% de participación.
Peor aún, Baja California fue la única entidad que registró menos del 50% de participación; las 31 restantes lo superaron.
Desde hace años la baja participación ciudadana ha sido un tema de análisis en nuestra entidad y se han planteado decenas de causas.
La más recurrente es que los bajacalifornianos somos una sociedad apática, que no le interesa la política y que incluso no tenemos valores cívicos.
También se ha dicho que los organismos electorales no hacen el trabajo suficiente para promover la participación, lo que se supone es una de sus tareas.
Incluso se ha planteado la necesidad de revisar el padrón electoral, ya que seguramente esta lleno de personas que ni viven en la Entidad, algo comprensible tomando en cuenta la condición migratoria de nuestra región.
Sin embargo, en esta ocasión quiero señalar a los partidos políticos como los principales responsables de la baja participación ciudadana.
Año con año la clase política bajacaliforniana nos ha demostrado que no le interesa el bienestar o el desarrollo de nuestra región, postulando candidatas y candidatos sin preparación, con pocas habilidades y desconocimiento de los problemas de nuestra sociedad.
Cómo incentivar el voto cuando tenemos candidatos que se han postulado hasta en tres partidos diametralmente opuestos y en los tres ha dicho que son la mejor opción.
Cómo pedirles a los ciudadanos que salgan a votar cuando tuvimos candidatos que ni siquiera se tomaron la molestia de hacer campaña.
Cómo exigirles que acudan a las urnas cuando existen candidatos que han solapado la corrupción y que han violentado la ley.
Cómo decirles a los bajacalifornianos que vayan a votar por candidatos que tienen que leer sus propuestas o que se negaron a debatir públicamente.
El nivel de las candidaturas presentadas en las pasadas campañas fue lamentable, por eso nunca “prendieron”, los electores no se interesaron y simplemente no fueron a votar.
Lo peor del caso es que nuestra clase política está consciente de ello, saben que basta con el voto duro; ese que logras gestionar desde las dependencias de gobierno, para ganar una elección.
Esa es la razón por la que el Poder Legislativo se ha negado a flexibilizar las candidaturas ciudadanas. Finalmente son los partidos políticos los que hacen las reglas del juego que ellos mismos juegan y jamás permitirían el ingreso de más jugadores que lo pongan en riesgo.
Ellos dicen cuándo jugar, cómo jugar y quiénes pueden jugar, pero curiosamente suelen violentar las reglas que ellos mismos crean.
Si en Baja California fuera más sencillo acceder a una candidatura ciudadana seguramente más personas estarían participando en política y por consiguiente se incrementaría la participación.
Pero no es así, los partidos políticos están mas preocupados por repartirse el pastel y “administrar la abundancia”.
Entonces cuando escuchemos a nuestros políticos poner excusas para justificar la baja participación, que no se nos olvide que ellos ponen las reglas del juego y ellos nos imponen un producto sin importar que sea de mala calidad, en pocas palabras, todo el culpa de los partidos políticos.
*Fotografía cortesía Roberto Córdova-Leyva
*El autor de esta columna es cofundador de la Agencia Informativa RadarBC
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