TIJUANA.- A partir de este jueves, la explanada central de la Facultad de Ciencias Humanas (FCH) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), llevará el nombre del periodista mexicalense Sergio Haro Cordero, luego de la aprobación del Consejo Universitario.
Dicho nombramiento se da en reconocimiento a la lucha que el periodista tuvo en vida como impulsor del cambio social y del pensamiento crítico; así como su legado en el periodismo a nivel regional y nacional.
Sergio Haro Cordero es egresado de la entonces Escuela de Educación de la UABC y fue nombrado dos veces premio estatal del periodismo, además de lograr reconocimiento a nivel internacional dando cátedras en Estados Unidos, Sudamérica y Europa.
Durante sus últimos años Sergio Haro Cordero se desempeñó como editor del Semanario Zeta de Tijuana y como Defensor del Lector en este medio.
Su trabajo periodístico fue plasmado en el documental “Reportero”, el cual fue nominado al premio Emmy en 2014 y se presentó en decenas de festivales en México y el extranjero.
En 2012, la Universidad Autónoma de Baja California publicó el libro: “¡No se olviden de nosotros!”, escrito por Haro, en el cual se hace una selección de los reportajes que han marcado su trayectoria profesional en los diferentes medios en los que ha laborado en poco menos de 30 años de labor.
Fue a solicitud de periodistas egresados de la carrera de Ciencias de la Comunicación, alumnos y maestros que se envió la solicitud a la dirección de la unidad académica en donde fue aprobada por el Consejo Técnico, por lo que posteriormente fue enviada al consejo Universitario en donde fue aprobado por unanimidad.
Como defensor del lector de RADARBC dejó el siguiente escrito:
En nuestro país se viven tiempos difíciles y el ejercicio periodístico no puede quedar al margen de esta realidad. La prensa mexicana se desenvuelve entre la violencia del narcotráfico, la corrupción gubernamental, el descredito de partidos y gobernantes y –como sea no fuera suficiente- la crisis económica que parece llegar para quedarse.
A este ambiente se le suma lo que se muestra como un signo de modernidad y que tiene que ver con múltiples portales que han surgido a raíz del boom del internet y la relativa facilidad para crear espacios “independientes”, algunos incluso a nivel de redes sociales.
Eso tiene su ventaja pero también su desventaja, ya que resulta relativamente sencillo crear una página electrónica y alimentarla más o menos periódicamente, pero la desventaja es que esa fórmula ha significado que en varios de los casos –por supuesto que no en todos- lo publicado no pase por ningún otro filtro de calidad fuera de las manos del redactor, que en gran parte de los casos es a la vez titular del espacio.
En ese contexto se ha convertido en “habitual” que no se respeten derechos de autor –ni en fotos ni en textos- que se publica sin el menor rigor periodístico, es decir, sin investigar, sin verificar, sin citar fuentes, y no es lo peor. Aparte pareciera ya común la aparición de notas “inventadas”, mal cabeceadas, sin sustento, en suma, sin el mínimo respeto por el depositario de toda esa información, los ciudadanos y los lectores.
Y lo mismo pasa en páginas de internet, que en medios más “serios” y más grandes, con más público y lectores.
De acuerdo a un ilustrativo texto de Gerardo Albarrán en el portal Sala de Prensa, la figura del defensor del lector surgió en la prensa japonesa en 1922, en el caso de Estados Unidos fue hasta 1967 y en Europa en 1969. En Latinoamérica Brasil fue el pionero en 1989 y en la actualidad se supone que en México hay varios medios con esa figura, aunque en ocasiones parece que solo resulta decorativa.
Llama la atención el Defensor del Lector en medios como El País, en España, y es claro que el perfil del lector tiene mucho que ver, sobretodo porque se trata de Europa, es en español, con lectores muy participativos y críticos, lo que significa que, literalmente, no dejen pasar ninguna. Cuestionan el cabeceo de las notas, el sentido –si es retórico, machista, indulgente- y que ha obligado en muchísimas ocasiones a la necesaria rectificación de lo mal hecho; “…fue un fallo editorial por nuestra parte debido a una acumulación de trabajo unida a una falta de suficiente reflexión”, argumentó uno de los editores en relación a un video donde se cabeceó con un entrecomillado que no reflejaba el sustento de la información.
El caso es que no debemos acostumbrarnos a los errores –conscientes o inconscientes- y sobre todo a la necesidad de reconocerlos y enmendarlos, aunque sea a posteriori. Y como se sabe en el caso del periodismo, se trata de un trabajo público, donde resultan públicos los aciertos, pero también públicos los errores.
Y así como se dice que el pueblo tiene los gobernantes que se merece –por la indolencia ciudadana- podemos parafrasear también que la gente tiene los medios que soporta, que avala y en ocasiones hasta aplaude.
Información RadarBC


