Dunas: Feminismos Crítico de Frontera
En días recientes recorrían las redes imágenes del sismo sucedido el pasado 19 de septiembre que afectó varias regiones del país. Entre las imágenes, había fotografías de mujeres de todas las edades y estratos sociales haciendo labores de rescate a la par que los varones. La sociedad mexicana dio una enorme muestra de solidaridad y ciudadanía en contraste con la impotencia de las autoridades mexicanas. Ver los rostros de esas mujeres en las fotografías fue un quiebre en la representación de “los rescatistas” que en sí mismo es su término que no hace evidente la presencia de las mujeres; quienes cumplieron un papel tan importante en este suceso que congregó en esta ocasión a una parte de la sociedad mexicana.
Al igual que en días pasados, el 2 de octubre del 68 fue un momento penoso que conmocionó a todo el país. La del 68 es una historia muy contada, pero entre sus particularidades un detalle que no está siempre a la vista es la presencia y participación de las mujeres en el movimiento. Como han mostrado las historiadoras del periodo, a nivel internacional y nacional la juventud de los sesentas se rebelaba contra los mandatos de las figuras de autoridad masculina como la familia, pero sobre todo, cuestionaban a un Estado monolítico, opresivo y paternalista. La cultura juvenil se influenciaba además de lo que ocurría fuera de México: el triunfo de la revolución cubana, la guerra de Vietnam y las protestas estudiantiles internacionales tenían como modelo masculino a un hombre diferente: un líder de clase media, educado, a la manera de “El Ché” Guevara, cabeza de la revolución cubana. Los jóvenes, criticaban el sistema político y adoptaban a la manera de sus modelos, un lenguaje retórico y sofisticado. La juventud como hasta ahora se proyectaba como un peligro para el gobierno.
Las mujeres en este panorama crearon su propio modelo. Por un lado, se rebelaban contra los mandatos tradicionales y cuestionaban el modelo famliar de domesticidad; la píldora anticonceptiva, las comunidades hippies y el rock and roll fueron representativos del periodo. Por otro lado, frente a un Estado que no las reconocía como un peligro potencial, tomaron un papel subversivo y transgresor. Con su participación y acciones, rompieron los esquemas de la feminidad tradicional. Repartiendo propaganda, como brigadistas, en las marchas, encabezando los contingentes, estas mujeres jugaron un papel imprescindible en el movimiento; y al igual que sus compañeros, sufrieron la respuesta infame y aplastante de un gobierno incapaz de establecer un liderazgo democrático. La prensa complaciente las expuso como criminales, la autoridad las persiguió, encarceló y asesinó.
Entre las mujeres del movimiento no sólo había estudiantes, también estaban sus madres, sus abuelas, sus maestras y otras mujeres trabajadoras empáticas, valientes y conscientes de que era necesario hacer oír su voz ¿Qué importancia tiene recordar y subrayar su presencia en el movimiento? ¿Qué significaba más allá de lo que popularmente se piensa de aquellos que toman las calles para manifestarse? Las mujeres que participaron en el levantamiento estudiantil dieron con esto una muestra genuina de ciudadanía. Porque alzar la voz era exigir que no pasasen por encima de sus derechos. Porque hacerse notar y participar a la par que sus compañeros significaba reivindicarse como ciudadanas, y ocupar el lugar que les correspondía en la esfera pública.
La masacre del 68 dejó huellas profundas en ellas. En los peores términos, les dio la razón y confirmó la urgencia del movimiento. Mostró que hombres y mujeres son igual de vulnerables ante la violencia apabullante de un Estado represor. Sin embargo, la tragedia no acabó con ellas. La mujeres exigieron libertad para sus presos y justicia para sus muertos. El movimiento del 68 confirmó su mirada política, de las participaron en él y de otras que se contagiaron de la indignación ante el escenario. El cambio cultural difundido por el movimiento estudiantil y la experiencia de las mujeres en los acontecimientos del 68 tuvo influencia en los movimientos feministas ya existentes y en la nueva ola que creció a inicios de los setenta.
El 68 no sólo tuvo efectos en las mujeres del centro del país. También en los estados las mujeres trabajadoras y universitarias tenían presencia política, hacían uso de su voz y tomaban por suya una ciudadanía que tenía su única representación en la figura masculina del ciudadano. Si entonces las mujeres del movimiento y de los movimientos buscaban tomar la palabra, defender un espacio en la esfera pública, democracia, libertad y justicia, hoy, ante un gobierno que sigue sin respuestas para atender a las demandas ciudadanas y una ola creciente de violencia hacia las mujeres, hay mucho todavía por hacer. El 2 de octubre no se olvida, y aunque la presencia de las mujeres sea a veces invisible, la osadía de las de entonces, sigue latiendo, en mayor o menor medida en nuevas generaciones de mujeres.


