Más allá del engañoso sentido común que
imagina a una revuelta como una revolución en miniatura, lo que más distingue a
estos dos fenómenos/eventos entre sí, es la forma en la que quienes participan
en ellas experimentan, sienten o perciben al Tiempo, es decir, en la
experiencia del Tiempo. Vamos por partes.
Primera:
En el evento-revolución existen, por
ejemplo —y en un mar de situaciones-fenómeno—: (1) una o más organizaciones
antagónicas al Estado-nación (hasta ese momento en control de las
instituciones) que le disputan de manera estratégica los poderes soberanos; (2)
la intensión de construir nuevos y/o diferentes procesos de legitimación
política, soberanía, así como nuevas y/o diferentes instituciones; (3) la
intensión de crear una especie de «nuevo contrato social» conforme
los valores de las diferentes organizaciones representadas en la lucha
revolucionaria; (4) un proyecto nacional a largo plazo, entre muchas otras. La
lucha revolucionaria sería, entonces, una de horizontes concretos —al menos
para las organizaciones antagónicas al Estado— donde por lo regular se
terminaría reemplazando al Estado.
Segunda:
En el evento-revuelta, en cambio, lo que
sucede es una disrrupción de las fuerzas de cohesión social (que puede ser
total o parcial) que se siente como una inesperada sacudida, tal y como hacen
los tsunamis y los terremotos. En este sentido, contrario a la revolución, cuya
subjetividad se proyecta hacia un futuro considerado como etapa superior en el
desarrollo social —acelerando a la Historia en el tiempo con ese salto de
grado—, a la subjetividad de la revuelta le importa un pepino todo salvo la
consciencia de un presente permanente al que se le entrega completamente y
dispuesta a todo. De tal forma que al eliminar tanto pasado como futuro, la
Historia deja de existir y se suspende el Tiempo.
Tercero:
Para Jesi Furio, filósofo italiano, lo que
hace la revuelta es «instaurar de golpe un tiempo [en un espacio donde]
todo vale por sí mismo, independientemente de sus consecuencias y de sus
relaciones” con otros tiempos y otros espacios. Por eso en la revuelta las
subjetividades se liberan de la obsesión permanente del presente por asignarle
un sentido secuencial al ahora con la misión de justificarlo con el pasado.
Porque si se libera el ahora desde una posición subversiva, es decir, negativa
respecto al presente histórico, no puede haber otra reflexión e impulso más que
el de reconocer, vibrar y accionar la necesidad de un cambio radical
inmediátamente. O sea, aquí y ahora mismo.
Cuarto:
La revuelta no sería entonces, como escribe
Karmy Rodríguez, la lucha por “ese horizonte dueño de una dirección precisa” en
el futuro —como pretende una revolución—, sino la lucha permanente de un
porvenir, “esa abertura a la posibilidad de devenir otros de sí” que nada más
se encuentra en lo inmanente.
El autor es sociólogo y filósofo por Pitzer
College y ha publicado cuentos, ensayos, reportajes y entrevistas en México,
España, Estados Unidos, Argentina y Chile. Actualmente estudia derecho en la
UABC.
[Viene de DE LA REVOLUCIÓN A LA REVUELTA YEL TIEMPO (parte I)]


