En menos de 10 años los casos de niños y niñas que
decidieron quitarse la vida se quintuplicaron. En 2018 se contabilizaron 641
muertes de este tipo en menores de edad. La principal pregunta sigue abierta:
¿qué lleva a un niño o una niña, a cualquier adolescente a suicidarse?
Por Jesús Peña
Fotografías de Héctor García
Arte e ilustración de Edgardo Barrera
A sus 10 años, Analy era una niña “normal”. Así la
describe su familia. Obediente y con buenas notas en la escuela. Le gustaba
jugar a las muñecas y saltar la cuerda. Y se le iluminaba la cara al bañar a
los perros y fotografiarse con ellos. Era, dicen, una pequeña generosa con su
amigos y amigas.
Retrato de Analy, quien a los 10 an?os, decidio? quitarse
la vida.
La historia de su familia es un eco que se replicó en
Coahuila. Hace más de una década emigraron a Ciudad Acuña en la colonia Altos
de Santa Teresa y dejaron San Pedro de las Colonias cuando la delincuencia se
apoderó de las calles y el trabajo se acabó.
Todavía en la víspera de la navidad de 2018, Analy, quien
vivía con sus papás y hermanos, contaba los días para ir a pasar las fiestas a
San Pedro con sus abuelos y primos.
Por eso sus padres no se explican por qué Analy decidió
ya no estar acá, con ellos, en este mundo. Si ella llenaba toda la casa con su
chispa.
–Se miraba muy bien. No sé qué fue lo que pasó realmente
–dice Mónica Ortiz Félix, la madre.
Aquel domingo en la mañana, la mañana de su decisión,
Analy almorzó con su familia, salió a la calle a jugar, y al cabo de un rato
volvió a casa. Pidió permiso a sus padres para tomar unas sopas de la despensa
y regalarlas a unas niñas del barrio que no habían comido.
Mario Díaz Pineda, el padre, la vio horas más tarde
peleando con Marly, su hermana menor, por la cadena de su mascota. Llamarle la
atención fue una de las últimas cosas que hizo antes de que al mediodía, el
hijo mayor de la familia, entonces de 17 años, encontrara su cuerpo.
Mo?nica Ortiz Fe?lix y Mario Di?az Pineda, padres
de Analy, la recuerdan di?a a di?a luego de suicidio.
No hay manera sutil de decirlo: a sus 10 años, Analy se
suicidó. Y que esto ocurra deja más preguntas abiertas que explicaciones
certeras. Lo que sí se puede constatar es que no se trata de un caso
aislado.
Solo una vez Mónica y Mario fueron con un psicólogo de la
Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (PRONNIF). Fueron en busca de
ayuda, de orientación, pero no se sintieron ni comprendidos ni acompañados y
suspendieron.
Analy es una de las 641 historias de niños y niñas de
entre 10 y 17 años que en 2018 fallecieron por lesiones autoinfligidas
intencionalmente de acuerdo con el Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Ese año, tal cifra representó el cuarto lugar dentro del
total de causas de muerte en ese grupo de edad, sumando en promedio mensual 53
suicidios de menores de edad en todo el país.
Una tendencia que, aseguran los especialistas de la salud
mental, va al alza en México.
Los datos del INEGI lo confirman. En 2010 se registraron
118 defunciones de niños y niñas de entre 5 y 14 años, a causa del suicidio.
Los 641 casos reportados en 2018 demuestran que las incidencias se
quintuplicaron.
En Coahuila, aunque moderadamente, esta tendencia también
ha crecido. Actualmente, el estado ocupa el quinto lugar entre los estados con
más alta incidencia en intentos de suicidio adolescente.
¿La pandemia disparó los suicidios en Coahuila?
El anuario sobre estadísticas anuales del INEGI señala
que en 2010 en el estado se registraron cinco suicidios de niños y niñas de
entre 5 y 14 años. Desde entonces, los picos más altos se encuentran en 2011,
con seis incidencias; 2015 también con seis; 2017 con 7 casos; y 2018 con seis.
Hasta aquí se puede observar un patrón. Sin embargo, como
lo fue en muchas áreas, el año de la pandemia se presentó como una temporada
irregular.
De enero de 2020 a febrero de 2021, la Fiscalía General
del Estado reportó 24 suicidios en personas de entre 11 y 17 años. Surge
obviamente la duda de si la pandemia, el encierro en las casas, las condiciones
de vida de cada quién jugaron un papel determinante en esta situación.
Con todo eso, la pregunta principal sigue ahí: ¿por qué?,
¿qué impulsa a un niño o una niña, a cualquier adolescente a cometer suicidio?
–Es muy doloroso, algo que no se le desea absolutamente a
nadie –dice María Elena Rangel Contreras, psicóloga clínica, docente y
encargada del Programa de Adolescentes del Centro de Salud Mental (CESAME) de
Saltillo.
Mari?a Elena Rangel Contreras, psico?loga cli?nica,
docente y encargada del Programa de Adolescentes del Centro de Salud Mental
(CESAME) de Saltillo.
No obstante, hay quienes afirman que esta capirotada de
números refleja poco una realidad que cada día duele más: una realidad que se
esconde por miedo.
Jesús Acevedo Alemán, director de la Facultad de Trabajo
Social de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) y autor del libro “Gritos
silenciosos: el suicidio infantil”, comenta que hasta hace cuatro o cinco años
el fenómeno del suicidio infantil era invisible.
Jesu?s Acevedo Alema?n, director de la Facultad de
Trabajo Social de la Universidad Auto?noma de Coahuila (UAdeC) y autor del
libro “Gritos silenciosos. El suicidio infantil”.
–No se visibilizaba que los niños, población menor de 12
años, tuvieran situaciones de crisis que los llevaran desde la ideación suicida
hasta el acto suicida. No era un fenómeno visibilizado.
Históricamente, advierte Acevedo Alemán, el suicidio de
niños se ha dibujado dentro de las estadísticas o las cifras oficiales, como
accidentes derivados del juego.
–Un niño que no quiere ya vivir, ¿qué nos está diciendo?
Que no le gusta este mundo, que este mundo es desagradable, que tenemos que
cambiar este mundo, es un llamado, un grito –advierte el académico.
Jesús Cervantes, maestro en promoción cultural y dramaturgo,
atribuye la negación del suicidio infantil a una especie de miedo social.
–Nos da miedo reconocernos como una sociedad que estamos
creando un mundo donde hay personas que llevan tan poco tiempo en él y ya no
quieren estar aquí. Preferimos voltear a otro lado, hacer como que no pasa
–sentencia.
Karla Patricia Valdés García, docente investigadora de la
Facultad de Psicología de la UAdeC, explica que si bien el de los niños no es
el segmento de edad con más suicidios, sí es el grupo con el mayor incremento.

Karla Patricia Valde?s Garci?a, docente investigadora de
la Facultad de Psicologi?a de la UAdeC
Dicha propensión, detalla, ya la han reportando en los
últimos años investigadores sobre el tema que han visto cómo de un año a otro a
veces el suicidio de menores de edad en el país se ha incrementado hasta un 400
por ciento, particularmente en casos de infantes de entre 10 a 14 años.
Empero, detalla García Valdés, existen casos de suicidios
de infantes de ocho años, seis años, que no se reportan, y hay una razón:
–En teoría se supone que para que cometas un suicidio
tiene que haber una intención, una conciencia de que se está quitando la vida.
Y los niños muy pequeños no se tiene claro si ya tienen este nivel de
conciencia o si lo están haciendo como un juego. O si lo están haciendo porque
consideran que se pueden quitar la vida, pero luego la pueden recuperar, como
si pudieran dar reversa a este tipo de decisiones.
Al no quedar clara esta situación, añade la psicóloga, es
que no siempre los suicidios en menores de edad se contabilizan como tal,
aunque el hecho sí ocurre.
Jesús David Salazar González, subdirector médico del
CESAME, declara que en este hospital ha habido casos de niños desde los 6 a 8
años que han pensado en matarse.
Jesu?s David Salazar Gonza?lez, subdirector me?dico del
CESAME.
–Se ve la entrevista, se evalúa cada caso, se ven los
factores y se ve el examen mental a ver qué tan estructurada tiene la idea. Si
la tiene muy estructurada y es reiterativa, se interna en la unidad de
paidopsiquiatría.
Una carta de despedida
Cada número es una historia. Una historia como la de
Yessica Yatziri, de 12 años, una niña de Saltillo que antes de despedirse
voluntariamente de este mundo, le dejó a su padre un papel carmesí, doblado
como una carta, con un mensaje que decía:
“Te quiero mucho, gracias por ser mi papá”.
Yessica Yatziri le dejo? a su papa? este sobre con una
carta de despedida.
La noche anterior Yessica, que era más bien una nena
seria, reservada, había estado jugando a las escondidas en la calle con unas
amigas.
Luego que entró en la casa, se duchó, se arregló, se
cortó las uñas, se despidió de su abuela y se metió en la cama.
Sus familiares ya no volvieron a verla despierta. El
cuerpo lo encontró su hermana de cuatro años el 24 de julio del año pasado
(2020) en el corazón de la colonia Centenario.
José Salvador Saucedo Charles, el papá de 34 años, aún no
comprende por qué su hija hizo lo que hizo. Solo recuerda cómo juntos habían
recorrido casi toda la república por su trabajo como trailero.
El dolor no dejo? que Jose Salvador Saucedo siguiera con
su vida por dos meses, pero el amor por sus dema?s hijas lo saco? adelante.
Una de las cosas que más le duele es que la madrugada de
aquel sábado él mismo manejaba en la carretera de San Luis Potosí a Saltillo
con una inquietud, como una suerte de sofoco en el pecho.
–¿Por qué no me esperaste hija? Me hubieras esperado,
hubieras hablado conmigo. Seré muy enojón, pero siempre tengo conciencia para
todo –suelta Salvador y se tapa la cara con las manos para que no lo vean llorar.
El hombre se refugió dos meses en casa sin salir, sin
trabajar. Se quería ir con ella, la quería alcanzar y preguntarle los motivos,
abrazarla otra vez. Pero el amor por sus otras hijas lo mantuvo aquí. Lo
devolvió a las carreteras, aunque nunca buscó ayuda psicológica.
Los expertos en psicología infantil coinciden al explicar
que las razones por los que un niño o niña resuelve morir son innumerables y
van de los factores biológicos, pasando por los psicológicos hasta los de tipo
social.
–Biológicos hablamos de transformaciones puberales. Ya
sea de la primera menstruación, el crecimiento del vello púbico o del cambio
del tono voz. Afectan el desenvolvimiento en los diferentes roles, los
estigmas, lo que significa ser bonito, ser feo y eso repercute en mi imagen, la
concepción que tiene el adolescente sobre sí mismo–, expone la cubana María
Karla Lara Men, maestra en psicología clínica con acentuación en terapia
cognitiva conductual.
Los factores psicológicos, añade, se refieren a la
construcción de la identidad y de cómo se responde a las preguntas “¿quién
soy?, “¿hacia dónde me dirijo?”. También impactan en el entorno inmediato como
grupos de amigos, escuela al sentirse evaluados por sus profesores, compañeros
e incluso su familia.
Los factores sociales se circunscriben a la posición que
tiene el adolescente en la sociedad, precisa la terapeuta. El adolescente que
no es adulto, pero tampoco niño, una posición intermedia que genera confusión
en la persona.
–Estas transformaciones son un factor de riesgo y
contribuyen a poner en alguna vulnerabilidad al adolescente, pero no quiere
decir que la existencia de algunos de estos factores sea determinante para
decir que hay un suicidio –clarifica María Karla Lara.
No es solo un tema de salud
La complejidad del tema hace que se cambie
sustancialmente el enfoque con el que se aborda el suicidio infantil. Jesús
Acevedo Alemán, el director de la Facultad de Trabajo Social de la UAdeC,
insiste en que ya no es solo un tema de salud pública, sino un aspecto más
integral, un tema de humanidad.
Y es que influyen aspectos como la violencia familiar, el
abuso sexual, la omisión de cuidados y el bullying. Cada uno de estos
problemas, a la vez, no suelen ser hablados con normalidad y se identifican
como una constante en los suicidios de menores de edad en el país.
–En la mayoría de los casos donde ocurre un suicidio hay
familias disfuncionales –comenta Pedro Ortiz, psicólogo clínico y de la salud,
con estudios en suicidología.
Aquí la psicóloga Karla Lara Men destaca la importancia
de la familia como el primer grupo donde el individuo tiene interacción.
Interacción que contribuye al desarrollo de determinadas habilidades y
conductas.
–Estamos hablando de cuánto tengo presente a mi
adolescente en la familia en el proceso de toma de decisiones, de cuánto
reforzamiento positivo le estoy dando a ese adolescente o si simplemente me
quedo en humillaciones o exigencias hacia ese adolescente –señala.
Depresión y ansiedad: los síntomas ‘invisibles’
La mayoría de los menores de edad que llegan al Centro de
Salud Mental de Saltillo presentan síntomas de depresión y ansiedad que se
generan desde que están en edad de ir a la primaria.
Así lo cuenta María Elena Rangel Contreras, psicóloga
clínica y encargada del Programa de Adolescentes del hospital. Tal situación ha
sido confirmada mediante evaluaciones psicológicas diseñadas por un equipo
multidisciplinario.
Los detonantes, agrega, son maltrato, violencia física y
psicológica así como omisión de cuidados por parte de los padres.
–En el área escolarizada hemos observado mucho el
bullying. Los niños son perseguidos por los mismos niños o son agredidos o
amenazados por sus compañeros dentro y fuera de la escuela y eso ha hecho que
tengan síntoma de depresión y a veces lo callan. He sabido de niños que dicen
“ya no quiero ir a le escuela, es para mí una tortura, no estoy siendo feliz y
me quedo callado, no se los digo a mis padres por miedo a que me reprendan”.
Las redes sociales, sentencia la especialista, también
representan otro factor de riesgo en el desarrollo de conductas suicidas en los
pequeños y pequeñas dado el libre acceso a información de todo tipo.
–No tienen límites, los padres no saben ponerles límites
y entonces les sueltan el celular, la tablet. Los adolescentes y niños se meten
a temas de violencia, de pornografía o a retos que tienen que ver con suicidios
–advierte Rangel Contreras.
‘Mañana me voy a quitar la vida’
Pedro Ortiz, psicólogo clínico con estudios en
suicidología, se ha infiltrado varias veces en grupos de Facebook donde se
promueve abiertamente el suicidio, con el fin de observar de carca lo que está
aconteciendo. Su hallazgo es desalentador.
Pedro Ortiz, psico?logo cli?nico y de la salud, con
estudios en suicidologi?a.
–Ponen ’mañana me voy a quitar la vida’. Y todos
responden ‘¿cómo lo vas a hacer?’. Se genera una normalización del suicidio Las
redes sociales tienen una gran influencia sobre todo en niños.
Ortiz relata que durante una entrevista con un niño de
quinto de primaria, la plática resultó reveladora e incómoda a la vez.
–¿Has escuchado sobre el suicidio? –preguntó el psicólogo,
–Sí, ya hasta sé cómo hacer el nudo para colgarse
–respondió el niño.
–¿Dónde lo viste o cómo sabes?
–Lo busqué en internet –responde con soltura–. Sé cómo se
hace. Es bien fácil. ¿Quieres que te enseñe?
Para el experto en salud mental esto es una muestra
inequívoca de que los niños tienen la conciencia de qué es al suicidio y hablan
de ello.
Pero, ¿qué motiva esta búsqueda?, ¿en términos
emocionales qué situaciones llevan a los niños y niñas a pensar en matarse? La
investigadora Karla Patricia Valdés ahonda en esto:
–Puede que te quites la vida porque sientes a lo mejor
que eres una carga para tus papás. O a lo mejor porque sientes que hay personas
importantes para ti que a lo mejor no te quieren. O sientes que a lo mejor no
vas a lograr resolver algún tipo de conflicto con alguna persona
significativa”,
Andy estaba triste y nadie supo por qué
La familia de Anderson Omar, de 14 años, notó que él
estaba triste, pero no supieron por qué.
–Era bien tierno, muy amable, cariñoso, pero
lamentablemente se hizo muy triste. Le preguntabas, ‘¿qué tienes?’. Nunca te
contestaba y si le preguntabas otra vez como que se molestaba –narra Silvia
Quiroz Ruiz, la abuela.
Familia de Anderson Omar lo recuerdan entre sentimientos
encontrados al no darse cuenta de lo que sentía.
De la nada, sin aviso, Anderson dejó de comer, casi no
dormía, no se quería ni bañar. Es como dicen, como que algo dentro de él se
apagó.
El cambio lo notó primero su madre, Thelma Rangel Quiroz,
quien lo consentía más que a sus otros dos hermanos “por ser el mayor”.
–Siempre me andaba lamiendo los cachetes, me abrazaba y
me decía, ‘¿qué tienes loca?’
Pero ese “Andy”, que así lo llamaban, cambió tanto que un
día sacó los muebles de su habitación. Dijo que ya no las quería, que ya no las
necesitaría más.
Aquella mañana, antes de llevar a la escuela a otro de
sus nietos, Silvia, había dejado a Anderson acostado en la cama, con las
cobijas hasta la cabeza.
–Tengo miedo –confesó el chico.
–¿A quién, hijo, si no hay nadie? –repuso la abuela.
Cuando Silvia volvió horas más tarde, su nieto, su niño
inquieto al que alguna vez le encantaron los bailables de la primaria, que
quería comprarle una casa a su abuela, estaba muerto.
El resto de su familia, los adultos, no terminan de
entender cómo ocurrieron las cosas. Ni sus hermanos ni primos, también niños,
saben que aquejaba a Anderson tanto como para matarse.
Anderson Omar con su familia en vísperas de navidad.
Damaris, su prima de nueve años, recuerda que un día
Anderson le dijo que estaba cansado y ya no quería vivir, pero pensó que era
una broma.
Y una de las cosas que más le duele a la familia es que
todo ocurrió a principios de enero de 2020, en la colonia Satélite Sur, un día
después del cumpleaños de Anderson Omar que la familia celebró con pastel de
tres leches y refresco.
Mientras tanto, a Thelma, la mamá, que solo ha asistido
un par de veces al psicólogo, le quedó una culpa que todavía la carcome.
–Ya no quería nada, o sea, la culpa no me dejaba. La
culpa de no haber podido hacer nada. Todos los días vivir con lo mismo, con esa
culpa. Por más que trato no me deja, no puedo vivir en paz, me siento culpable
–pronuncia con la cara hacia el piso y algunos sollozos.
María Elena Rangel revela que al menos un 60 por ciento
de los chicos que atienden a través del Programa de Adolescentes en el CESAME,
han tenido ideación suicida en algún momento de su vida, como resultado de la
depresión y de la ansiedad que vienen cargando desde la infancia.
En esos casos, las afectaciones a la salud mental ya
están en etapas avanzadas, lo que complica su solución.
Los mitos y estigmas que rodean a los profesionales de la
salud mental son los principales impedimentos para que las familias busquen ayuda
especializada a tiempo.
–Hemos normalizado tanto las fobias, la depresión, la
ansiedad, el estrés, y eso nos da la pauta para decir ‘no pasa nada, ya está
encerrado en su cuarto, es que él así se la pasa’ –dice Diana Torres,
neuropsicóloga clínica y tanatóloga.
Diana Torres, neuropsico?loga cli?nica y tanato?loga.
Javier Enrique Martínez, psicólogo con formación en
terapia cognitivo conductual, y director del Instituto de Atención Integral de
Desarrollo Humano, habla de la urgencia de derribar esos mitos:
–Nos duele algo en el cuerpo y lo primero que hacemos es
acudir al médico o pensar que en nuestro cuerpo algo anda mal. Sin embargo, nos
sentimos tristes, ansiosos, nos preocupamos, y en lo último que pensamos es en
acudir al psicólogo –reclama–. Ve al psicólogo cuando te sientes mal, cuando
estás haciendo cosas que te hacen sentir mal, triste, tener problemas con los
vecinos, con el novio, con la novia, con la esposa.
Los niños también enfrentan enfermedades mentales
Karla Patricia Valdés García, docente de la Facultad de
Psicología de la UAdeC, dice que lo primero y lo más importante es eliminar el
estigma o la creencia errónea de que en la infancia no hay enfermedad mental o
psicopatología.

