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sábado, 9 mayo 2026
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    Los incels: manual del privilegio, al berrinche masculino

    Trigger warning! Aviso de escritura que puede incomodar tus capturas identitarias.

    Un análisis de ironía y cinismo tal látigo ante la pataleta, la fragilidad, e infantalización del poder en está era de los incels, junto a las clásicas de la política feminista oficialista liberal–igualitarista punitivista, e identidades no binarias acríticas de las competencias.

    Subrayar que los incels no son nada nuevo, son un mero updated digital de la misoginia, con un cartel de víctima y dicotomía, “Virgin vs. Chad”, a los hechos a enumerar me remito. Que a la vez nos da para mucho más, esto es sólo la punta del iceberg.

    Viene segunda parte, para que estén pendientes, allí compartiré las señales de alerta normalizadas, las diferencias entre narcisistas, incels y el hombre «básico», para quienes lidiamos con ellos, y otras identidades que se rehúsan a abandonar sus privilegios masculinos o bien los adoptan al transitar. Y las reparaciones inexistentes, pero urgentes.

    “El incel…lo ridículo también es político.”

    Lo incel es un término para justificar un momento de tendencia en el rol víctima, donde un grupo significativo por medio de las nuevas tecnologías y las redes sociales, confirma que ciertas mujeres con acceso a Derechos Humanos, les incomoda a su masculinidad, debido a su capital económico y simbólico, con los que confrontan la misoginia en su último updated.

    Lo nuevo, es el marco conceptual basado en “lo colectivo es político”, por eso parte de la comunidad online internacional, que la amplifica, agrega estética a su expresión, y la convierte en identidad política. ¿Les suena familiar?

    Muy listillos, con su análisis pseudocientífico de categorías (Chads, Stacys, Virgin, etc.) para justificar su deseo de acceso garantizado al cuerpo de las mujeres e identidades femeninas–feminizadas, lógica que sí bien conocemos de nuestros bisabuelos, es previa a estos. Antigua Grecia y Antigua Roma, que tiene mayor peso y bases en occidente.

    Para quienes se sienten hombres “feministas” de la igualdad por ser del primer mundo o por aplicar la de 50/50, obvio sólo en las salidas y gastos del hogar, que la crianza, las tareas del hogar (limpieza, cocinar, lavar, planchar, etc.), el trabajo sexual–enfermera–terapeuta es impago en el matrimonio y noviazgo, es «obligación» de quien tiene la vulva o es la persona feminizada en la relación.

    Por lo que no Chad, tu pensamiento de hombre moderno es el de un esclavista racista actualizado, que radica en la misma práctica diaria de siglos pasados. Solo basta revisar las estadísticas en tus grupos de amigos; violencia de género, pedofilia, feminicidios, y trata. También en tu país, donde hombres como tu viajan a países tercermundistas, zonas rojas y/o turísticas para realizar las prácticas ya mencionadas, igual pasa en el primer mundo, entérate.

    Aunque dudo seas capaz de cuestionarte, incluso sí eres racializado o no binarie asignado hombre al nacer, y clase media que ¿criticar una lógica que te beneficia en todos los sentidos? Difícil, es casi imposible para ustedes, por no decir nunca un hombre.

    Que abandonar la alianza patriarcal–misógina va más allá de romper con las normas de vestimenta binarias, hacer de comer sólo al inicio de la relación, lavar los trastes una vez al mes, abrir la puerta…Mejor hablemos de todo lo que asumes es tu derecho natural.

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    “Nostalgia de la época en que violar era normal.”

    Pasaron de la lógica esencialista, racional, «inevitable» y biológica de que los hombres “no pueden resistirse a violar” a sus hijas, sobrinas, nietas, vecinas, amigas, compañeras, básicamente a cualquier mujer, femenina o persona feminizada.

    Donde tu bisabuelo secuestró y violó a tu bisabuela, para después forzar un matrimonio que no era un crimen a ojos de la sociedad, sino un acto normalizado. Coerción estructural.

    En la actualidad los hombres al perder poder en ciertas clases y geografías, por parte de la Ley, los discursos, las comunidades y recursos simbólicos que les dice NO ante su manipulación y violación. Es allí donde aparecen los incels que justifican su “dolor y violencia” bajo la misma lógica esencialista, racional, inevitable y biológica.

    Por sí no quedó claro, se pasó de decir “me lo merezco porque soy macho” de un patriarcado justificado con poder, a“me lo merezco porque soy víctima de las mujeres modernas”, o sea un poder patriarcal de resentimiento, que la violencia coercitiva sólo muto en el discurso.

    Ya no es tan común ni normalizada la legitimidad a que un hombre viole y lo “resuelva” con el matrimonio, que no significa está práctica se haya erradicado, a pesar de penalizarse o que algunos padres o tutores no les convence tanto la idea de forzarte al matrimonio con tu primer violador, a la par sabemos el matrimonio infantil existe en México, y que casarte no significa las violaciones dejarán de existir por parte de tu pareja o cualquier otro hombre.

    Para ellos que habían naturalizado por cientas de generaciones que «tú como mujer existes para mí», este cambio es vivido como pérdida, amenaza, y humillación. Por eso la rabia y el odio incel no es sobre no tener sexo: es sobre perder poder, pérdida de control y de acceso garantizado a cuerpos femeninos–feminizados más allá del sexo.

    En ese sentido, los incels son un movimiento internacional reactivo y ridículo al avance de los Derechos Humanos, de ciertas mujeres y disidencias femme. Donde la política feminista oficialista abona a sostener está reacción misogina, ejemplo; les dió el Día del Hombre. Hasta inhábil fue en México, una respuesta estúpida al síntoma de la crisis del patriarcado, que no resuelve las violencias, ya que sólo busca calmar las pataletas y rabietas de los hombres.

    “El sueño igualitario y la pesadilla incel.”

    Es cierto que muchos hombres de todas las edades se sienten intimidados, o sea “sufren” por el algoritmo friolento que les muestra a aquellas que gozamos de lo que parece autonomía e independencia. Por ello no es casualidad la violencia contra las mujeres vaya en aumento, a la par del acceso a los llamados Derechos Humanos, por sí tenías las dudas Virgin.

    Les recuerdo que los Derechos Humanos para ejercerse, hay que cumplir con ciertas capturas identitarias reconocidas como válidas, para ganarse el título de ciudadanas, ciudadanes o ciudadanos, por ende, son un privilegio para un grupo minoritario, no son para todxs.

    En esté caso vemos la confrontación «misándrica» o feminista o como quieran llamarla, en su mayoría por las mujeres que tenemos acceso a un nivel educativo superior, que contamos con cierta independencia económica, lo cual nos brinda un abanico de posibilidades y oportunidades que varían según la racialización, la clase, las capacidades y las discapacidades que vivimos, entre muchas otras.

    Mientras algunas tenemos la capacidad de decidir sí tener citas con hombres, tener novio o pareja, considerar el matrimonio y la maternidad, hay otras que no tienen estás mismas posibilidades o tan solo esas no son prioridades, que existen otras opresiones que atraviesan a las mujeres.

    Lo cual nos lleva a replantear el generalizar y la dicotomía que colocan sobre las mujeres por parte del Virgin y el Chad, todas las mujeres vivimos realidades distintas, no somos iguales, ninguna, por el simple hecho de que habitamos territorios y corporalidades diferentes.

    Están los desplazamientos forzados por megaproyectos, por las ocupaciones y los genocidios justificados por guerras imperialistas donde también hay una buena y mala víctima, al decir de Leonor Silvestri, ejemplo los sionistas y los palestinos.

    México, tiene las inundaciones en Veracruz a Guerrero, los incendios y «sequías» de Baja California a Nuevo León que no afecta de la misma manera a toda la población (raza, género, y clase). El ecocidio racista detrás de la contaminación de cenotes y la destrucción de la selva en territorios mayas, causados por el desarrollo e inversión para el turismo y la agroindustria, en está Catástrofe Ecológica y del Calentamiento Global, por nombrar las más conocidas.

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    “Las olimpiadas de la opresión son el deporte favorito del macho herido.” Leonor Silvestri

    En estás competencias los incel se centran en la lógica de que sí antes tenían poder, y ahora no lo tienen en su totalidad es porque creen estar oprimidos. Para ejemplificarlo, antes podían acceder mucho más fácil a las mujeres sin «negociación», y al día de hoy se descomponen al tener que afrontar su incapacidad afectiva, lo cual les es insoportable, y sufren mucho.

    Para él drama queen patriarcal le es más fácil generalizar, dejar de lado lo “no me afecta directamente”, jugar a las olimpiadas de la opresión a diario, y obvio nunca salir de la burbuja, sí bien parece les deprime está Catástrofe a algunos, sus prioridades se centran en tener el poder para oprimir a alguien que cumpla con ser madreesposa–puta–monja mínimo.

    En las competencias víctima–machista–deconstruide, el apoyo mutuo y el consentimiento les provoca un corto circuito, por eso su discurso es una mera actualización de lo de siempre.

    El patriarcado jamás se cayó ni un piso, ni el machismo disminuyó, al igual que el fascismo siempre estuvo, solo caímos en la ilusión perfomática de que habíamos avanzado, cuando realmente solo nuestros discursos “transgresores” fueron asimilados y alineados.

    “El nuevo cautiverio incel: ni el glitter ni el they/them borra el privilegio.”

    Que no les sorprenda que muchos de la generación incel, de millenials a los nacidos en esté siglo, se apropien de prácticas y vestimenta asociadas a lo femenino, sin sufrir los cautiverios de las mujeres, un poco de acoso sí acaso que para todas nosotras es el pan de cada día.

    Tan es así que la expresión e identidad trans–no binaria está en todas partes, en el Met Gala, los Grammys y cualquier otro evento de alto nivel, muy transgresor que digamos…nada.

    Su deseo de competir es tan grande, en todos los sentidos, hacia quienes se nos asigna un género de segunda categoría, y la constante insistencia de poseernos–someternos, por ello su respuesta es la colectivización del privilegio herido. O sea ser víctimas, vigilar y cancelar.

    Por ello es importante discutir que el salir del género no es lo mismo que salir del patriarcado, cualquiera sale y entra de capturas identitarias–etiquetas, rechazar los privilegios masculinos es renunciar a una lógica incrustada al nacer, perpetrada durante su desarrollo de la niñez a la adultez, reforzado por todo alrededor, no es de la noche a la mañana, ni es que se logre a alcanzar ese máximo nivel de deconstrucción, sí eso crees pasa a leer a Derrida.

    El man-spreading a pesar de decirse «deconstruido» va anteponerse ante las otras con un discurso pseudo feminista, cuidado, que de ninguna otra parte sacó la crítica al género, por eso «enby pero no tanto», del bisturí de mis experiencias propias y de amigas se los digo.

    Insisto, las prácticas por les no binaries, son las mismas violencias y dinámicas misóginas, por lo que desmantelar su socialización masculina, significa abandonar las formas aprendidas de dominar, invalidar y competir con las personas asignadas mujeres al nacer.

    Sí a estás alturas piensas que tu identidad no binarie te exime de reproducir violencias, y lógicas machistas, estás más cerca de la ultraderecha votada de Argentina a Japón e Italia, lugares que siempre son y serán racistas, conservadores, por nombrar algunos. Que el fascismo nunca se fue, al igual que el patriarcado no se irá, es una batalla permanente.

    Por ello, buscan ser el centro emocional del conflicto, y se lavan las manos con «pero yo soy no binarie» como sí adoptar una identidad fuera la carta para evadir responsabilidad, ojalá fuera así de simple como nombrar pronombres no binarios, el borrar la socialización patriarcal que sostiene privilegios.

    Sin embargo, al decir de Marcela Lagarde, los hombres históricamente han vivido de nuestros cautiverios, y fracturar estos les genera una crisis masculina, que se expresa con violencia y victimización. Los incels son la expresión contemporánea de esa crisis.

    Los cautiverios de las mujeres señalados por Lagarde son madresposas, monjas, putas, presas y locas, en la actualidad se le agrega la enfermera, y la terapeuta, mínimo. ¿Cómo se perpetúan estos? A través del matrimonio, el noviazgo–la pareja, el amor romántico, la maternidad, la familia, la supuesta amistad, y casi cualquier tipo de relación que busca reasignarnos a estos cautiverios, incluso en los que son meramente transaccionales.

    Reafirmó, el incel no es nuevo; es el eco del cautiverio que se resquebraja. El lamento del amo que ve irse a la esclavizada, y es su nostalgia por el cuerpo de las mujeres secuestrado.


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