A dos semanas de cumplirse un año desde que la secretaría
de salud confirmó los primeros contagios de COVID-19 en Baja California, debemos
reconocer que existen más protocolos sanitarios —aunque no todas las personas
los respeten—, hay mayor infraestructura hospitalaria —aunque a veces parezca
que no existe—, y definitivamente hay
más conciencia de los ciudadanos; sin embargo lo que no ha cambiado es
la incongruencia de nuestra clase política.
Y es que además del sufrimiento, el temor y el estrés de
miles de familias en Baja California, una de las constantes de la pandemia es
la opacidad en la forma de conducirse de nuestras autoridades, usando como
pretexto la contingencia sanitaria.
Desde que se decretó la famosa «Jornada Nacional de Sana
Distancia» todas las dependencias de gobierno cerraron sus puertas, redujeron
sus actividades y pusieron en resguardo a las personas más vulnerables.
Hasta aquí la postura era entendible y aceptable; nadie
sabía a qué nos enfrentábamos.
Pasaron los meses y paulatinamente transitamos a lo que
llamaron «la nueva normalidad» que básicamente consiste con continuar con
nuestra vida cotidiana, reforzando los protocolos sanitarios para evitar un
contagio, lo que permitió la reapertura de muchas oficinas de gobierno, especialmente
las de mayor demanda.
Ese lapso fue aprovechado por las autoridades de todos
los niveles para volverse más opacos.
Con el pretexto de la contingencia disminuyeron el flujo de información,
se negaban a dar entrevistas e incluso se suspendieron los plazos para
responder las solicitudes de transparencia, entonces única herramienta
disponible para ciudadanos y reporteros.
Como era de esperarse —y se ha documentado— en 2020 se
realizaron muchas contrataciones por adjudicación directa argumentando la emergencia
sanitaria, donde la falta de transparencia es la principal característica.
Muchos organismos como el congreso del Estado y los
cabildos en cada uno de los ayuntamientos se vieron en la necesidad de realizar
sus reuniones y sesiones de manera virtual, lo que significa que cómodamente desde
su casa seguían tomando decisiones «por el bien de los ciudadanos».
El beneficio indirecto para nuestros legisladores y
legisladoras es que no se enfrentaban a protestas y mucho menos atendían los
cuestionamientos de la prensa.
El 2020 siguió avanzando, muchas dependencias reforzaron
sus protocolos y abrieron sus puertas para seguir trabajando, pero en el congreso
y los cabildos la situación no cambió.
En el Legislativo, por ejemplo, se ha vuelto común ver a
los diputados y diputadas atendiendo asuntos personales como salir a correr,
tomarse alguna que otra bebida; como fue el caso de MONTSERRAT CABALLERO, la
mayoría apaga sus cámaras, o la más común, siguen la sesiones desde su vehículo
con una evidente falta de atención.
Todo lo anterior lo comento porque estamos en una de las
etapas más tranquilas de la pandemia en nuestra Entidad. A nivel federal el semáforo de riesgo
epidemiológico nos ubica en color amarillo y en el Estado lo mantienen en
naranja, pero ya se habla de pasar al verde este mismo mes.
Se han incrementado los aforos, se han reiniciado actividades
y cada día es más evidente el aumento en la movilidad de las ciudades, al menos
en Mexicali.
Es más, hasta el gobernador JAIME BONILLA y la alcaldesa
MARINA DEL PILAR ÁVILA se la pasan realizando eventos públicos y abrazando
personas.
Y mientras tanto, diputados, diputadas, regidores y
regidoras, siguen realizando sesiones de forma virtual, desde casa, sin mayores
complicaciones, muy relajados y obteniendo el mismo salario.
El mayor descaro fue que apenas el 25 de febrero, la Junta
de Coordinación Política en el Congreso acordó «restablecer los plazos y
términos en materia de transparencia para el desahogo de trámites vía virtual»;
es decir, casi durante un año se negaron a responder solicitudes con el
pretexto de la pandemia.
Peor aún, el Poder Legislativo no actualiza la
información que por ley deben publicar.
En los cabildos no es muy distinto, los regidores y regidoras
sesionan desde sus casas, oficinas e incluso en las calles, donde no se ven
expuestos a responder cuestionamientos de ciudadanos inconformes o de los
medios de comunicación.
Se trata de una contingencia por conveniencia, porque
cuando les interesa aparecen en público, reúnen personas y hasta convocan a la
prensa, pero si se trata de temas relevantes o controvertidos, se quedan
guardados en casa «por disposición del sector salud».
Parafraseando al presidente LÓPEZ OBRADOR, la pandemia
les vino como anillo al dedo, ya que ha sido aprovechada para volverse menos
transparentes y alejarse de los ciudadanos, contrario a lo que muchos de ellos
y ellas prometieron en campaña.
El autor de esta columna es cofundador de la Agencia
Informativa RadarBC
Twitter: @ArmandoNieblas
Correo: armando.nieblas@gmail.com
Reportero mexicalense.
Me gusta el periodismo de datos y la investigación.
Me alimento de café, buenas pláticas y consejos.


