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sábado, 9 mayo 2026
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    El depredador progre, y sus amigos

    La columna de opinión de Violeta Miranda “Incels, narcisistas y los clásicos.”

    Vamos a desmenuzar la complicidad estructural, que como hemos señalado anteriormente no es nueva, tal es el caso de los incels, éstos se adaptan a las nuevas tecnologías, por medio del lenguaje que muta, sostenidos por formas sistemáticas, y discursos que se actualizan, bajo las mismas lógicas y prácticas recicladas por milenios.

    Sumar a lo ya existente, publicado y divulgado por otras, incluso por otros. Nombrar lo normalizado—naturalizado, encender alarmas firmes, para quienes sentimos que algo no cuadra, quienes sobrevivimos, y aquellas que empezamos a ver los patrones. Está lectura es una cartografía colectiva para nosotras, que nos sostenemos juntas, aún en las distancias geográficas, espaciales, y zonas horarias.

    “Todo está conectado, no hay casos y hechos aislados.”

    Patricia Hill Collins  nos muestra a través de la matriz de dominación que la opresión opera por medio de múltiples sistemas; raza, género, clase, sexualidad—agregó especie y tecnología. Estos se interconectan en lo estructural, disciplinario, hegemónico e interpersonal. Se puede experimentar el privilegio y la opresión de forma simultánea.

    Ejemplo, un hombre de clase baja y racializado, oprimido por el racismo y el clasismo, también ejerce esas mismas lógicas—prácticas racistas y clasistas sobre las mujeres a su alrededor, y otras; violencia de género—sexual; cautiverios de las mujeres; feminicidios.

    Tal señala Hill Collins, se puede estar en una posición subalterna—oprimida y simultáneamente ser dominante—opresor, puesto que hay opresiones y privilegios cruzados, nadie niega las discriminaciones y violencias que se vive, cuando no se es el sujeto—ciudadano hegemónico (hombre blanco—clase media, mínimo), lo que analizamos es cómo en la cotidianidad el poder también se reproduce con alta eficacia.

    Volvamos al ejemplo del hombre de clase baja y racializado, que llega del trabajo, al igual que su esposa e hijas trabajadoras, espera que ellas tengan la casa limpia y la cena lista. Exige que la madreesposa, cumpla además con su rol de trabajadora sexual-terapeuta-enfermera impaga. ¿Cuántas jornadas de diferencia hay entre los hombres y las mujeres?

    Les invito a hacernos otras preguntas: ¿Quiénes acumulan poder? ¿Quiénes reciben impunidad ante la Ley y la sociedad? ¿Quiénes seguimos siendo objeto de deseo, violadas, usadas—desechadas, y fáciles de matar sin consecuencias? Así que no todxs, cariño.

    Luego pasamos por alto que en ciertas geografías hay mayor número de población y ocupación, por los llamados países primermundistas, lo cual nos arroja un aumento en las estadísticas y cifras, es cierto, hay violencias que no son tan comunes en occidente, pero esto no significa no existan; desplazamientos forzados, genocidios, ecocidios, entre otros.

    Los múltiples sistemas de opresión que se interconectan y sostienen, no son ajenos al resto del mundo, ni propios de México, que vaya hay gente que piensa irse a vivir a Europa, Estados Unidos o algún otro país «primermundista», asegura una mejor calidad de vida, libre de violencia, pareciera en momentos que sí, sin embargo, no lo es, a los hechos me remito.

    En ese sentido, partamos del hecho de que ningún hombre está exento de reproducir lógicas de opresión y prácticas violentas, que no existe un sólo monstruo o monstruos, puesto la complicidad es estructural, volvemos a los incels…Pensemos en los grupos de violadores llamados las manadas—nada que ver con especies no humanas—no hay casos y hechos aislados, lo que cambia son los discursos, y las formas de aproximación a estos.

    “Ser hombre es muy difícil; incel vs. depredador proge.”

    ¿Hay un hombre más peligroso? Al decir de Michel Foucault, hay que desconfiar de quien dice ser neutro, quien maneja tu lenguaje y discurso, puesto que con ellos tendemos a bajar la guardia, lo cual lleva a la normalización de prácticas y comportamientos.

    Foucault, nos describe a través de la microfísica del poder, la forma en qué opera el poder; difuso y descentralizado en todos los niveles de la sociedad; interacciones diarias, prácticas cotidianas, modelamiento de comportamientos, conocimientos y subjetividades.

    Mismos que parten de los discursos y el deseo disciplinado. Por ello es más fácil, estar alerta de quien te muestra tal cual es en su pensar y actuar, desde un inicio…Desconfiar siempre, por igual, sobre todo de «los neutrales y aliados», como el macho progre y lxs no binaries (asignados hombre al nacer), que sólo cambiaron su estética y etiqueta por “deconstruides.”

    ¿Nuevas masculinidades? ¿Cuáles? Hemos caído en la romantización de que hay hombres «menos peores y aliados» a los cuales les hemos concedido un pase ante su nulo rompimiento de privilegios, de allí deviene el depredador progre, que maneja el lenguaje inclusivo no binario, pero no cuestiona siquiera su relación con el poder, al contrario, utiliza el discurso de aliado para acceder a otros privilegios, y propiciar violencias silenciosas.

    En sí, hablar de «nuevas masculinidades», sin desmontar las estructuras de dominación, es lo que el greenwashing, y pinkwashing, el branding político de tu macho favorito progre. Ojo, esto no es una invitación a la pureza—corrección política, sino al cuidado afectivo.

    Querer situarnos a todxs como víctimas, es caer en un victimismo igualitarista, además de facilitar la revictimización—captura lo cual impide las potencias de la reapropiación de la injuria, pensado desde Virgine Despentes y Jean Genet: «podrán someter nuestros cuerpos, pero no nuestras mentes y espíritus».

    Asimismo, crecemos escuchando que los hombres no lloran, sobre todo quienes nacimos en el siglo XX, cuando sabemos que todos los hombres lloran, y de siempre, quizá no en lágrimas, sino con palabras, en su discurso de víctima, muy propio de los incels, sin embargo, no sólo usado por estos, volverse víctima es cada vez la carta más usada de la baraja.

    Sin soltar un milímetro siquiera de privilegio ¿para qué soltar lo que te beneficia? Dejemos de esperar lo imposible. ¿Qué tal no esperar nada “bueno”? Aplicar la técnica estoica de prepararse para lo peor, no desde una idea evangelizadora judeocristiana, sino a partir de las realidades vividas, y por haber. Quien tiene el poder, no lo va a soltar jamás.

    Tal lo vemos en los depredadores progres (activistas, artistas, académicos), donde es más fácil apostar a discursos aplaudidos por el oficialismo, y convertirse en uno más de los lloradores profesionales—«víctimas», que ser hombre “es cada vez más difícil.”

    Por eso la estética, se ha vuelto una herramienta vital, para camuflarse en espacios que aparentan ser críticos en sus prácticas —siempre y cuando esté la cámara encendida— es más grande el temor a la cancelación, que a la de cuestionarse ¿paranoia? Memoria organizada por lógicas y prácticas misóginas, en una cotidianidad difusa más cercana al estira y afloja.

    “Mismo origen «diferente» versión; incels, narcisistas y los clásicos.”

    Antes, los hombres actuaban de manera individual, ahora con las nuevas tecnologías pueden articular su resentimiento, como una identidad política y colectiva, en constante actualización, a través de redes sociales y plataformas digitales (facebook, whatsapp, telegram, reddit, etc.).

    Que a diferencia de las tribus que crean mundos, estos producen berrinche, captura y daño, por eso se les calma un poco dándoles el Día del Hombre, tal biberón, nada de organizarse para acceder a necesidades básicas como vivienda, alimento, servicios de salud. Ellos quieren el poder de poseer cuerpos, como en “los viejos tiempos” «make el patriarcado great again».

    Discursos incels: Señalar que estos discursos no son opiniones aisladas, son pedagogías del resentimiento masculino que circulan y se refuerzan colectivamente.

    • “Si no tengo acceso al cuerpo de las mujeres, entonces soy víctima.”
    • “Si no tengo mujeres detrás de mí, soy una víctima del rechazo.”
    • “Las mujeres nos deben sexo” y “la igualdad nos perjudicó.”
    • “Es culpa de las mujeres que no me quieren.”

    La raíz del sufrimiento incel, surge de no tener acceso garantizado al cuerpo de las mujeres, ni la atención y el trabajo emocional propios de los cautiverios (madreesposa, monjas, putas, presas, locas), a los cuales les agregamos el de la terapeuta-enfermera impagos, por supuesto.

    Aquí los incels conectan con los depredadores progreque les molesta y les fastidia a su juego misógino, que en ciertas latitudes geográficas y clases sociales, varias podamos decir con firmeza que no necesitamos un marido, ni novio, que no vamos a tolerar sus violencias de ningún tipo, que el sexo es con consentimiento, y sin esté es mera violación. Que podemos mantenernos solas y vivir alegres, que podemos dejarles, y escogernos a nosotras.

    «Les afecta» que existan formas y hasta leyes, que nos permiten decidir si maternar o no. Que estemos en los campos laborales e incluso destaquemos. A pesar de las dificultades preferimos el divorcio, o mejor aún la soltería, y los límites vaya que les ha afectado en su salud opresora, les provoca un corto circuito a su lógica básica, ni hablar de las denuncias que repito, les importa más el ser cancelados, que cuestionar sus prácticas que los llevan a la cancelación,  y al ostracismo en algunos casos.

    Diferencias entre el incel y el depredador progre: Los incels tienen discursos fatalistas sobre su apariencia, y se mueven en comunidades virtuales que refuerzan su victimismo, mientras un depredador progre es un narcisista con update de «aliado» que te maneja un básico de los estudios de género y feminismos, obvio tergiversados, aplica el mansplaining que «siempre un hombre sabe mejor, incluso de las cosas que sólo vivimos las mujeres».

    Macho depredador progre “el aliado”:

    • Van a espacios coyunturales por su estrellita en la frente por ser progres, buscan una novia y/o amigas con beneficios, sólo para ellos.
    • Se sienten limitados e incluso les afecta en su «moral», que una mujer organizada destaque, por lo que ahí su narcisismo aflora, para desvalidar a «quien les gusta».
    • Aplica la autoproclamación aliado, mientras te dice cómo llevar tu lucha feminista.
    • Vive de bromas, comentarios e incluso le dice poesía al sexualizar a sus compañeras «de lucha» que a lo que vino fue al Tinder «progre».

    –          Usa el lenguaje de lucha para porno emocional, un accesorio más para su validación, y avance en sus deseos de poder sobre sus compañeras.

    • Disfraza su masculinidad narcisista con su compromiso social, para el extractivismo afectivo…hoy aliado, mañana víctima, en el último update del macho clásico.

    Por supuesto, no falta el compañero gay o bisexual, que cree su orientación lo exonera del patriarcado que ejecuta, quizá no en la misma medida, ni formas, pero al fin y al cabo, hace uso de este. Le no binarie, asignado hombre al nacer, que cree su identidad es sinónimo de renunciar a los privilegios estructurales, incapaz de reconocerlos, por ende, no los suelta.

    El machismo clásico solo mutó
    , se actualizó, tomó la estética progresista y eslogan víctima. Mantiene el núcleo colonial-masculino, que busca la apropiación del cuerpo de las mujeres.


    Distinguir un incel de un «hombre clásico» y narcisista: Un narcisista es una persona con un trastorno de la personalidad. Está comienza en la etapa del desarrollo, y tiende a ser más fácil de validarse en los hombres a lo largo de su vida, puesto que es normalizado que los hombres busquen constante validación, que no toleren los límites, y cosifiquen a las personas a su alrededor, que en su mente, todxs están para servirle sobre todo sí son mujeres.

    Sí, un hombre clásico puede ser narcisista, también un incel puede serlo, disfrazado de resentido, al igual que un depredador progre. Lo que cambia es el uso del lenguaje, y su discurso, las prácticas y los comportamientos, son lo que definen el tipo de misógino es.

    El deseo de todos los hombres es el de dominar, estar en una o múltiples relaciones unilaterales sexo-afectivas.Los clásicos, desde la primera interacción buscan controlar, y son sexualmente invasivos. Los incels o depredadores progres seducen como aliados o víctimas, para acceder al control, por lo que ajustan sus comportamientos de manera constante.

    Todos hacen uso de las plataformas digitales, para alojar y acelerar sus violencias de «derecho sobre el cuerpo de las mujeres», organizarse y expandir su resentimiento. A la par, niegan la capacidad de agencia de las mujeres, por eso nos infantilizan.


    En resumen, los incel-víctima aplican la de «nadie me quiere mejor me como un gusanito», el depredador progre «víctima sofisticada» aliado feminista que te va a explicar hasta lo que no, y está más cerca del narcisismo que de otra cosa.  Él solo narcisista que busca extracción emocional y sexual, mientras te drena, y el clásico hombre que asegura tener derecho natural sobre nosotras, sin un discurso politizado.

    Todos buscan lo mismo, el acceso a tu cuerpo, tu tiempo, tu energía, para ser madreesposa, terapeuta—enfermera, puta—monja, que a todas nos quieren presas y locas.

    “Nosotras, altivas ante las alertas misóginas.”  

    Escuchar a nuestro instinto. Observar siempre, no bajar la guardia, ante la reacción de ellos cuando pones tus límites; sí no los tolera, los toma como injusticia, insulto o desafío, son señales de alerta. Su respuesta al consentimiento; sí intentar negociar, insiste, cruza el acuerdo establecido, y justifica su violencia, es peligro inminente.

    Prestar atención a qué narrativa tiene sobre sus ex parejas; «todas están locas» «manipuladoras», y él no sale de víctima. Sus emociones y respuestas al resentimiento; «todas son…» «ahora ya no se puede…» «las mujeres solo quieren dinero…». El macho a tope.

    La apuesta comienza en una, sospechar de lo aprendido—«naturalizado», tejer redes de apoyo mutuo sinceras, imaginar y trazar líneas de fuga, escuchar-sentir al cuerpo, cuando nos dice qué nos compone y descompone, apostar a tu agencia y la de otras.

    Lúmina: “No caminas sola, pero tampoco dependes de nadie para existir.”

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    Violeta Miranda
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